Determinaciones Normativas del Paisaje Urbano

Maria José Tarduchy

Dra. Arquitecta. (Profesora en la Escuela de Arquitectura de Madrid)

 

El paisaje urbano es un objetivo de ordenación armoniosa y funcional de la ciudad, un propósito perseguido para dotar a lo urbano de una significación estética y de una singularidad que tiene su origen en el trazado y en las ordenanzas, dos instrumentos claves en la formalización de los desarrollos urbanos.

Pero así como los trazados son asumidos por los arquitectos de la edificación como un acto creativo, que lo son, las ordenanzas se contemplan solo como una rémora en el proceso de elaboración de un proyecto. Y sin embargo, la palabra escrita -las ordenanzas-, son como el dibujo -los trazados- lenguajes distintos aplicados al cumplimiento del mismo objetivo: la creación del paisaje.

Los trazados elaboran el plan en el plano de la rasante. Las ordenanzas determinan las condiciones de la edificación sobre la rasante: la disposición de los huecos, los cuerpos volados, las cubiertas… En definitiva, todos los elementos de la envolvente del edificio son lo que son en una ciudad porque así están definidos en las ordenanzas.

El trazado requiere la consideración del sitio. Y el desprecio por el lugar de los PAUs ejecutados a lo largo de los últimos lustros ha producido una desoladora estandarización de los paisajes urbanos y ha vaciado de significado los espacios así producidos. Porque un espacio solo se convierte en “lugar” cuando es fiel a un contexto, que le singulariza y le dota de sentido. Y se convierte en un “no lugar” cuando no es reconocido por los otros. Fig. 1 y 2

Figura 1-Fotografía aérea de la plaza de La Paja Madrid (Bing Maps)

Figura 2- Fotografía aérea de Los tres Olivos Fuencarral. Madrid (Bing Maps)

Las ordenanzas, plantean un problema mayor. Habitualmente desdeñadas, deben ciertamente ser entendidas como una estrategia de planeamiento, pero también como una forma alternativa de diseño. Buena parte del déficit morfológico que encontramos en nuestras ciudades no es sino el resultado inevitable de ignorar el valor formalizador de las ordenanzas, ya sea por los arquitectos en tanto que autores de los proyectos de edificación que desarrollan los planes, ya sea por los técnicos responsables  del control de la forma urbana en las instituciones encargadas de cuidar de ella. Mal se pueden aplicar unas normas urbanísticas, como mala disposición se va a tener para respetarlas, si los encargados de velar por su cumplimiento y quienes van a responsabilizarse de la edificación en la ciudad desconocen los objetivos que estas normas persiguen, los principios en los que se inspiran y los efectos que de su incumplimiento se derivan.

Y si hablamos de las ordenanzas y de su influencia en la creación del paisaje urbano, no está de más empezar por la fijación de los límites entre la regulación normativa y la libertad de diseño.

El proyecto urbano preconizaba un enfoque contextualizado de la arquitectura y una manera de afrontar el problema de la forma en las escalas mayores del nuevo urbanismo. Y en ese marco, el compromiso entre la arquitectura y la ciudad debe sustanciarse en un equilibrio consensuado entre la libertad y la regulación. Fig. 3

Figura 3- Casa Schroeder,Gerrit Thomas Rietveld Utrecht (No localizada)

La inserción de la idea del proyecto urbano en el planeamiento y la necesaria libertad de diseño reclamada por los arquitectos de la edificación exige la definición en los planes de esos elementos que en el discurso profesional se ha dado en llamar fuertes y débiles. Los llamados fuertes, vinculantes y definidos con precisión, imprescindibles para la estructuración y congruencia de la ordenación; y los llamados débiles, que el plan entiende de importancia menor, y que serían por ello susceptibles de ser modificados o definidos con posterioridad.

Si la obligación de controlar el espacio público desde el planeamiento en las “determinaciones sobre la parcela” parece una responsabilidad que la administración no debe soslayar, la necesidad de ampliar los grados de libertad de los arquitectos en las “determinaciones sobre la edificación” parece una aspiración razonable, hasta el momento no satisfecha.

El ámbito de lo urbano y el ámbito de la edificación. Lo colectivo y lo individual. El espacio público y el privado. Las determinaciones normativas sobre las parcelas y las determinaciones normativas sobre la edificación. El paisaje urbano -que en los últimos cincuenta años ha sufrido mutaciones aproximadamente cada generación- tiene que reinventarse en la consideración de un nuevo marco de referencia general atendiendo a aquellos elementos que desde las ordenanzas determinan definitivamente ese paisaje:

1.- Los tejidos y la edificación singular.

La ciudad se construye en sus tejidos y en sus edificios singulares.

a.- Los tejidos se definen desde el planeamiento. Se identifican globalmente y proporcionan una continuidad reconocible en el paisaje, aunque en ellos se intercalen edificios que pueden contener rasgos inequívocos de singularidad en una percepción de proximidad. Esa homogeneidad define unidades morfológicas que se verifican por oposición a otras de las que se diferencian fundamentalmente por los cambios tipológicos. Y sin embargo, en ocasiones los propios tejidos pueden conformarse mediante una adecuada combinación de tipos edificatorios que amplíe los grados de libertad de los arquitectos, sin que se vea mermado por ello el control de la administración sobre esos parámetros urbanísticos fundamentales que determinan el dimensionado de las infraestructuras o a la determinación de los estándares de los equipamientos colectivos.

En todo caso, la edificación en los tejidos requiere un compromiso con el entorno que se traduce en una normativa en la que es inevitable un cierto rigor. Fig. 4

Figura 4- Edificio de viviendas en el carrer del Carme, Barcelona,Josep Llinás (Revista El croquis nº 128) Madrid 2005

b.- La edificación singular de las parcelas aisladas y las destinadas a equipamientos públicos, no debe regirse por otras normas, como no sean las propias del uso al que estas edificaciones se destinen y sus correspondientes normas de seguridad, además, lógicamente, de la línea de demarcación del espacio público y, en su caso el retranqueo.

En esta cultura del gesto, los elementos infraestructurales y técnicos como los centros de transformación, las columnas de ventilación, las plataformas de aparcamiento, los puntos limpios, al igual que los parques eólicos o solares en el territorio deben ser objeto de una atención específica y entenderse como una oportunidad en la creación del paisaje.

2.- La alineación oficial.

La alineación oficial es una traza eminentemente paisajística. La demarcación entre lo público y lo privado, y el juego de esta alineación oficial con la línea de fachada constituye un factor fundamental en la definición escénica de todo espacio en trance de ser ordenado. Y es en el control de este instrumento de ordenación donde se juega una parte sustancial de la imagen de la ciudad.

El plano de la fachada puede coincidir con la alineación oficial y establecerse en ese caso una separación neta entre lo público y lo privado. Pero puede esa línea convertirse en una franja cuando se producen alineaciones de fachada retranqueadas en relación con la alineación. Y es ahí, en esos espacios intermedios, que pueden incorporarse a lo público o encerrarse en el claustro de la privacidad, donde se juega el perfil de la calle. Pues basta una determinada definición de la altura de los cerramientos para transformar lo interior en exterior o lo privado en cuasi público, y al revés. Fig. 5 y 6

La definición de las alineaciones es, naturalmente, competencia incuestionable del planeamiento. Cuando la relación entre lo edificado y el espacio público es directa, cuando se produce sin ningún elemento de intermediación, la única posibilidad de intervención entre el interior y el exterior es el tratamiento del acceso a la edificación y el de las fachadas, y es difícil en este caso no aceptar la competencia municipal en estos elementos tan directa e inmediatamente vinculados a la calle. Otra cosa es cuando esa relación se produce por interposición de una franja intermedia de espacio libre privado. En ese caso, los elementos de la fachada del edificio podrían disponer de mayores grados de libertad (vuelos, balcones…), mientras que la altura, no siempre, y caracterización del vallado de cerramiento, que afecta muy directamente a la calle, son factores que la administración debería controlar.

En el caso de sectores de edificación en ordenaciones de bloque abierto, no hay razón alguna que sustente el exhaustivo control que desde la administración se sigue realizando en ellos. La distancia de las edificaciones a la calle y la frecuente implantación de este tipo de actuaciones en sectores de nueva construcción sin señas de identidad previas que los caractericen, justificaría una normativa con amplios grados de libertad en la definición de volumetrías, formas de ocupación, alturas, cuerpos volados, etc.

3.- Condiciones de parcela. Se definen desde el planeamiento, aunque pueden alterarse por agrupación o segregación de unidades preexistentes con el único límite habitual de las dimensiones de la parcela mínima.

La correlación entre el tamaño de las parcelas y manzanas y la densidad y el grano edificatorio no inciden solo en la morfología, sino también en la forma de vida de los ciudadanos.

Las grandes manzanas satisfacen las necesidades de relación de los vecinos en el patio interior, mientras que las manzanas de tamaño reducido lo hacen en los espacios cívicos exteriores.

Esta circunstancia revitaliza el espacio público, muy necesitado de tendencias reequilibradoras que recuperen para la ciudad las funciones de relación tantas veces trasvasadas al ámbito privado en los complejos integrados de las modernas áreas de centralidad.

4.- Condiciones de los usos. La incidencia en el paisaje urbano de la definición de los usos ni siquiera precisa explicación por evidente: los barrios residenciales, los espacios productivos o los usos terciarios requieren volumetrías y tratamientos de fachadas y volúmenes bien diferenciados. Por su parte, en las áreas residenciales las calles se especializan: las que acogen y concentran la actividad comercial y las que recogen solo los flujos de la residencia. Y de nuevo la definición de la alineación, el tratamiento de los espacios intermedios y la caracterización del cerramiento son factores sustanciales en la configuración del paisaje. Fig. 7

Figura 7- Viviendas en la rue Meaux,Paris Renzo Piano

5.- Condiciones de la edificación.

a.- Densidad y tipo edificatorio.

Las grandes superficies de cesión exigidas en las densidades altas dificultan la continuidad de los tejidos, mientras que las densidades muy bajas generan un tapiz continuo, pero al mismo tiempo un déficit de actividad en la calle y una insostenibilidad del modelo que las hacen inconvenientes (ver cuadro fig. 11). La correlación entre la densidad y la superficie de suelo de reserva para equipamientos y servicios urbanos exige un compromiso de racionalidad compensatoria que conjugue la necesaria trabazón de los tejidos con una cierta intensidad de uso del espacio público. Es preciso superar la decadencia de la calle producida tanto por los tejidos débiles de las bajas densidades como por esas grandes manzanas autistas de los ensanches modernos, vertidas hacia los patios interiores y con un único punto de conexión con el exterior.

Es comúnmente aceptado que las densidades medias-altas favorecen la continuidad de los tejidos y una cierta intensidad de uso en el espacio público, pero se pueden alcanzar mediante la utilización creativa de todo el abanico tipológico que los arquitectos de la edificación están en disposición de desplegar. El automatismo tipo-morfológico “manzana cuadrada- manzana cerrada” y la extensión de su utilización a lo largo de los últimos lustros no deben tener continuidad en el futuro. Si a la necesaria reducción de las unidades de actuación motivada por la actual crisis se uniera una mayor libertad en la elección del tipo edificatorio, la imagen urbana podría mejorar en un futuro próximo.

b.- Altura. No hay ninguna razón, salvo las formales, que justifique el control generalizado de las alturas por la administración. Con la densidad y la edificabilidad predeterminadas, (que deciden, como hemos visto, la asignación de las superficies destinadas a la implantación de los equipamientos colectivos y el dimensionado y capacidad de las infraestructuras), ni la forma de ocupación del suelo ni la altura de las edificaciones afectan a esos parámetros fundamentales, que sí requieren un control público. Fig. 8 y 9

Figura 8- Ordenación urbana en Îlot Saint Maurice,Lille X. de Geyter (Revista El croquis nº 126). Madrid 2005

Figura 9- Barrio en China No localizado

c.- Condiciones estéticas. Huelga decir que no es fácil trasladar al articulado de unas ordenanzas los criterios estéticos de una ordenación, no es fácil determinarlos, son transitorios y no son generalizables.

Que son transitorios lo atestigua un hecho muy reciente: en los planes generales de la década 1980-90 se extendió la regla que exigía hacer coincidir los ejes de los huecos de las plantas bajas con los del resto de la edificación para regular el caos compositivo de las fachadas; y había transcurrido apenas una generación cuando el aparente desorden de la arquitectura de los ritmos musicales, la explotación estética del caos, los efectos de la alternancia de huecos o la deconstrucción puso de manifiesto la frecuente fugacidad de los criterios estéticos. Esas ya antiguas leyes compositivas aparentemente ortodoxas deben dar paso a un orden más complejo, más ecléctico y, en definitiva, más abierto. La arquitectura sin pretensiones exige un marco, pero se debe admitir su trasgresión para satisfacer las necesidades de la arquitectura de autor. Fig. 10

Figura 10- Viviendas en el entorno del Mercado de Santa Caterina , Barcelona MBT estudio (Revista El croquis nº 144) Madrid 2009

Que no son generalizables lo ilustran a veces sorprendentes contrapuntos: así, mientras que algunas normas urbanísticas de nuestras ciudades protegen sus rasgos identitarios preservando el orden vertical de sus huecos y sus voladizos, algunos planes holandeses provocan la creación de un paisaje, hasta entonces inexistente, mediante la prohibición de que sus huecos y sus vuelos se alineen de manera alguna en sus fachadas.

Y sin embargo, los huecos, los cuerpos volados y los cerramientos de las parcelas son elementos determinantes en el paisaje; en el paisaje preexistente, que se apoya en normas para mantener su esencia a través de ellas; y en ausencia de paisaje, reclamando libertad para la exploración estética de la ciudad.

6.- Condiciones de urbanización.

Hay poco que objetar a la libertad de diseño en un campo en el que ya existe, salvo añadir que no debe ignorar ni a los usuarios, ni la topografía ni la vegetación autóctona ni las preexistencias.

Y, para terminar, hay que recordar que el paisaje no puede ser un juego frívolo, que en la ciudad no antecede a la función, que es resultado de ella, que la arquitectura es un arte, no un espectáculo, que su fin último radica en servir a la sociedad, no utilizarla en beneficio propio y que los ciudadanos nos van a juzgar, no por la impostada expresión de nuestras abstracciones conceptuales que no leen, ni por los divertidos hallazgos de la representación que no ven, sino por nuestra aportación a la mejora en sus condiciones de vida que sufren o disfrutan.

Cuando las referencias culturales no responden a un contenido cierto del proyecto y sólo sirven para alimentar el ego, son una banalidad; cuando la representación sólo es publicitaria y pretende convertirse en una alternativa a la realidad es algo más grave, es un fraude a la sociedad.

Monumentos. Ciudades. Paisajes. Algunas consideraciones sobre conceptos y prácticas

Ángel Isac
Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Granada.
Miembro de la Comisión Técnica del Laboratorio del Paisaje Cultural (IAPH)

 

 

Es verdad que en los últimos años todo lo relacionado con el paisaje ha cobrado un justo interés en los medios académicos e institucionales. El apoyo de la UNESCO a la nueva categoría de Paisajes Culturales (1992), el impulso a los estudios sobre paisajes gracias a la aprobación del Convenio Europeo del Paisaje (Florencia, 2000), o el Memorándum de Viena, nacido de una conferencia internacional celebrada en mayo de 2005 en la capital austriaca, e inmediatamente incorporado por la UNESCO a su doctrina operativa (Recomendaciones sobre el paisaje urbano histórico, 2011), han sido algunos de los principales pilares en las últimas décadas. Mis consideraciones, en esta ocasión, parten de lo que el conocimiento histórico de la ciudad puede aportar al análisis del paisaje urbano, de la posible intercambiabilidad de términos, del papel del planeamiento en la configuración del paisaje urbano, y de la cooperación entre disciplinas académicas como paradigma de rigor en la producción de conocimientos. Y a propósito del citado memorándum, en Viena nadie hubiera considerado como “expresiones culturales de gran calidad” (artículo 17), el café nihilista, el American Bar, o el edificio de la Mikaelerplatz de Adolf Loos, objeto de burla con aquella imagen de la arqueta levantada y un asombrado Loos que descubre así la arquitectura moderna, paradójicamente convertida hoy en un objeto de recuerdo para el turista (supongo, al menos, para ese llamado turista cultural).

Lamentablemente, como explicaba en un artículo sobre los contenidos urbanísticos de la Ley del Patrimonio Histórico Andaluz (2007), los avances en el conocimiento de los paisajes no tuvo la acogida suficiente en la citada ley. Me refiero a la escasa atención que mereció el Paisaje como bien cultural, -por cierto, objeto de protección ya en la Ley del Suelo de 1956- cuestión que ha ido adquiriendo en los últimos años un alcance sobresaliente en distintos foros. Del mismo modo que se acertó al incorporar el concepto de Patrimonio Industrial, hubiera sido muy interesante incorporar más contenidos de la citada Carta, tal y como han realizado otras leyes autonómicas. Sorprende, por ejemplo, que sea precisamente en la definición de Patrimonio Industrial donde aparezca una explícita mención del Paisaje como bien protegible en estos términos: “El paisaje asociado a las actividades productivas, tecnológicas, fabriles o de la ingeniería es parte integrante del patrimonio industrial, incluyéndose su protección en el Lugar de Interés Industrial” (LPHA-2007, artículo 65.2).

En la legislación autonómica se ha abordado de distinto modo el problema del paisaje. Así, algunas leyes han protegido la “silueta paisajística” (Cataluña, Galicia, Baleares, Castilla y León) o el “carácter paisajístico” (Extremadura); otras, al definir la figura de Parque Cultural, han destacado especialmente los “valores paisajísticos” (Valencia); y algunas más recientemente han introducido la denominación específica de Paisaje Cultural entre las categorías principales de su Patrimonio a proteger (La Rioja, Murcia). La ley andaluza sí aportó como novedad destacada el intento de definir la “contaminación visual”, pero en la práctica poco se ha avanzado. En cualquier ámbito intelectual, y casi siempre ligado a la vitalidad y evolución del mismo, son frecuentes las fases de discusión terminológica, conceptual, o metodológica. No dudo que sea necesaria, obligatoria y muy sana toda discusión intelectual acerca de cuestiones terminológicas, pero lo fundamental casi siempre es otra cuestión más de fondo que tiene que ver con los avances reales del conocimiento en un determinado campo de las ciencias sociales. Lo contrario es estancarse en la epidermis nominal y en el abuso de determinadas etiquetas.

“No hay acción humana sin paisaje, y no hay tampoco, casi, paisaje sin acción humana”. Así dejaba sentenciado, hace muchos años, un sabio como D. Julio Caro Baroja el problema conceptual y metodológico de los estudios sobre el paisaje: está en todas partes, y lo es todo. Inevitablemente, todo fenómeno de la realidad se puede convertir en objeto visto como paisaje. En la Historia del Arte hay una larga tradición de estudios sobre el paisaje. Hoy disponemos de un número casi infinito de expresiones asociadas al paisaje. Además de los tradicionales paisajes geográficos y de sus derivados, se estudian los paisajes literarios, los arquitectónicos o los culturales, y adquieren fuerza los paisajes urbanos históricos. La proliferación de adjetivos añadidos al sustantivo paisaje no me parece tan interesante como la incorporación del paisaje como metodología o punto de vista para completar los análisis arquitectónicos, urbanísticos o territoriales. La verdadera innovación en el campo de las ciencias sociales no consiste en propagar nociones que como epifanía científica parecen desplazar a los “viejos” o ”envejecidos” conceptos; en este caso, los desplazados serían los que permitieron una brillante teoría y práctica para la conservación de la “ciudad histórica”, “centro histórico”, “conjunto histórico”. Es decir, los análisis que entendieron hace décadas que la fragmentación de partes de la ciudad no era tan importante como el estudio de toda ella (también sus periferias), en relación con sus problemas territoriales; y esto valía tanto para la historia urbana como para el planeamiento.

La imagen urbana, en tanto epidermis de una realidad más compleja, no debe dar lugar a decisiones que olviden lo más sustancial de la doctrina de la conservación integral. El paisaje urbano de la Carrera del Darro en Granada, al renovar la pintura de sus fachadas se intervino sobre una parte de la composición total, descuidando todo lo demás, que no era poco si se hubieran tenido en cuenta las recomendaciones del anexo D. de la Carta del Restauro (1972). Los historiadores de la ciudad hemos hecho historia del paisaje urbano, hayamos o no trasladado esta expresión a los títulos de nuestras investigaciones. Por lo tanto, la relación entre historia urbana y análisis del paisaje urbano histórico ha de ser una relación fructífera, fácil de entendimiento, con metodologías en parte coincidentes. En principio, parece que no debe haber grandes diferencias. Yo, como historiador de la ciudad, nunca me he sentido ajeno a la dimensión paisajística de la misma. Y no solo por mi interés por toda la cultura del landscape garden o por el fenómeno fundamental de la incorporación del verde público en la ciudad moderna. Por muchas razones.

La Gran Vía de Colón en Granada.

Estudiando las grandes transformaciones históricas de la ciudad, hemos constatado la importancia de las nuevas “escenas urbanas” en el Renacimiento, el trampantojo palladiano, los telones escenográficos que eran la imagen última de procesos de mucha complejidad. En su tercer libro de Arquitectura, Andrea Palladio escribió: “…la calle más concurrida por negociantes y forasteros se debe hacer ancha y con magníficos y soberbios edificios, para que los visitantes que por ella pasen crean fácilmente que esta anchura y belleza corresponde también a las otras calles de la ciudad”. Y qué mejor ejemplo de un paisaje urbano histórico que provoca, precisamente al ser percibido, una especie de encantamiento: Viena como ciudad de las “mil y una noches”. “Desde la mañana hasta últimas horas de la noche corrí de un objeto de interés a otro, pero en todo momento fueron los edificios los que despertaron mi principal interés. Durante horas permanecí de pie delante de la Ópera, durante horas contemplé el Parlamento; todo el bulevar me atraía como un encantamiento de Las Mil y una Noches”. Paisaje urbano, pues, evocador. Un fragmento muy importante de la ciudad ha sido contemplado, percibido, como una de las mejores definiciones de la condición ecléctica en la arquitectura, el urbanismo y el paisajismo del siglo XX. El observador: Adolf Hitler.

La Alhambra y el Albaicín. Grabado del siglo XIX.

 

En el estudio de las grandes transformaciones urbanas del siglo XIX, el “paisaje de las demoliciones” ha formado parte del análisis para explicar el antagonismo entre ciudad histórica (Patrimonio) y cambio urbano, más allá de la antítesis conservadurismo/ transformación. Ángel Fernández de los Ríos, un buen conocedor de la cultura europea de su época por su condición de exiliado político, escribió pensando en los beneficios que traería La Gloriosa: “Las demoliciones inútiles son ciertamente lamentables, pero las que desembarazan el suelo de un barrio de malas condiciones para edificar otro sano, para dar lugar a construcciones mejores y más bellas, son como aquellas otras demoliciones del año 12 que derribaron la Inquisición y destruyeron el tormento, para hacer plaza a los derechos de la razón y a los fueros del espíritu humano…”. El paisaje de la nueva ciudad moderna construido tras las demoliciones lo encontramos, sin ir más lejos, aquí cerca, en la Gran Vía de Colón de Granada. Parte de la ciudad histórica desapareció para construir el paisaje del progreso social, urbano y arquitectónico, soñado por sus promotores, pero al mismo tiempo –como en otras muchas ciudades-, duramente criticado por muchos detractores que lamentaban la pérdida del “alma” de la ciudad histórica.

Campaña publicitaria de una promoción inmobiliaria.

 

La estructura, forma o paisaje de la ciudad de Granada, puede explicarse muy bien si nos detenemos en un grabado del siglo XIX; una vista de la ciudad captada desde el cerro de San Miguel, en su punto más alto. El paisaje urbano que nos ofrece está compuesto de tres “monumentos”, podríamos decir: la Alhambra (BIC-Monumento); el Albaicín, conjunto urbano que podríamos considerarlo como la parte monumental “enfrentada” a la Alhambra; y en tercer lugar el “monumento” ciudad y su entorno rural más próximo, su apreciada Vega. Es cierto -no podemos ignorarlo de ningún modo- que la tutela moderna ha evolucionado del concepto decimonónico de “monumento” a los conceptos de “conjuntos” y espacios de plurales patrimonios. Pero el MONUMENTO, cuando se trata de una pieza como la Alhambra, sigue teniendo una presencia determinante que se extiende más allá de la misma ciudad. La historia urbana, o si se prefiere la historia del urbanismo, ha realizado análisis en los que las “permanencias” han sido un concepto ampliamente utilizado. Y si el MONUMENTO es la permanencia por excelencia, lo que permanece como elemento estructurante y definidor en el orden físico, más lo es si se consideran sus valores simbólicos y culturales. Pero además, un barrio como el Albaicín lo podemos considerar en su conjunto como otro gran monumento urbano, enfrentado a la Alhambra, con relaciones intensas y conflictivas, pero formando ambos un conjunto paisajístico excepcional.

Campaña publicitaria.

Resultado final.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En este paisaje urbano histórico existen todavía retos muy importantes para el paisajismo activo (el proyecto), pero también, no lo olvidemos, para la rehabilitación urbana “clásica”, fruto del gran debate sobre los conjuntos históricos en los setenta. Los principios y objetivos de la “conservación integral”, enunciados con toda riqueza de matices en los documentos internacionales de los años sesenta a ochenta, y en la práctica propositiva de mucho del planeamiento especial de aquellos años, no pueden ser ignorados, menospreciados o ninguneados. El problema, creo, no han sido los principios, conceptos o criterios (todos válidos hoy), sino la falta de gestión, el comportamiento incompetente de las administraciones incapaces de revisar el planeamiento de los ochenta, ¡¡veinticinco años más tarde!!, o el escaso compromiso de la sociedad civil (más interesada en “vender” promociones inmobiliarias con un descarado abuso del paisaje y la cultura). ¿Cómo explicar la imagen degradada del cerro de San Miguel Alto, a pesar de su potencial paisajístico? Las explicaciones solo conducen a señalar la debilidad de todos los agentes implicados, por una parte; pero por otra los “errores” del planeamiento se han traducido con frecuencia en graves deterioros del paisaje urbano. La “culta” idea de la ciudad de los cármenes, en el plan de 1951, facilitó la desaparición de otras tipologías de interés, a favor de sucedáneos de “cármenes modernos”. Y en el más avanzado plan general de 1985, la idea del crecimiento histórico en laderas sirvió -en algunos casos- para la más burda ocupación de suelos en promociones dedicadas a la venta de maravillosas vistas, pero sin ninguna cautela por su impacto paisajístico.

El paisaje urbano del grabado del siglo XIX nos ofrecía, además de la Alhambra y el Albaicín, un tercer “monumento” (en el sentido de permanencia urbana con capacidad estructurante): la ciudad-vega; elemento fundamental del paisaje que si en el siglo XIX permanecía muy próximo a Puerta Real, la expansión de una y el retroceso de otra han producido un conflicto permanente. Conflicto que se agudiza cuando la ciudad evoluciona conforme a un modelo u otro, pero siempre expansivo y devorador de suelos. El paisaje del que hablamos no es un jardín, ni siquiera un jardín paisajista; a diferencia del jardín (paraíso cerrado y casi inmutable), el paisaje de la Vega está en permanente proceso de transformación. Depende de numerosas variables económicas, sociales, o culturales, que determinan su construcción y mantenimiento. El paisaje (humanizado/ urbanizado) es un sistema frágil, sometido a presiones urbanísticas y a la alteración proveniente de sus bases económicas o productivas que lo sustentan. Pero a pesar de todo, ¿será posible el equilibrio entre las “Vistas hermosas” que dieron nombre a un carmen de la ciudad, y el Progreso que puso nombre a una huerta de la Vega en 1882?

La ciudad -uno de los fenómenos más complejos que inevitablemente nos hace pensar en la definición de Rem Koolhaas como la bestia salvaje indomable-, es un paisaje compuesto por artificios, retazos de naturaleza domesticada, y todo tipo de heterotopías. Como objeto de conocimiento, la ciudad y el paisaje han pasado por debates en torno a su estatuto científico, cuestionando su naturaleza propia de objeto, y los métodos más adecuados para su análisis, implicando siempre, de manera más o menos soterrada, una pugna entre disciplinas académicas ya constituidas. Esto ocurrió con la historia de la ciudad/ historia urbana/historia del urbanismo/historia de la urbanística, en las intensas discusiones de los años 70/80 sobre su condición disciplinar hoy casi desaparecidas. A principios de los años setenta, el prestigioso historiador Eric Hobsbawm sentenciaba que la Historia Urbana era “…un gran contenedor con contenidos mal definidos, heterogéneos e indiscriminados. Incluye cualquier cosa relativa a la ciudad”. En el caso del paisaje, también ha ocurrido en las últimas décadas algo parecido. Aunque había sido objeto de estudio académico desde el siglo XIX por disciplinas como la Geografía o la Historia del Arte, la preocupación actual por los paisajes se ha intensificado como resultado de la labor de la UNESCO a favor de la declaración de Paisajes Culturales, y del impacto académico y profesional del Convenio Europeo del Paisaje (2000).

Vega y ciudad. Un conflicto sin resolver.

 

En el ejercicio de la historia urbana, o en la historia de la arquitectura, cuando es obligado hacer referencia a contextos, entornos urbanos o espacios, los conceptos de escena/ imagen/ paisaje son manejados frecuentemente como palabras intercambiables o sinónimos. Lo importante no es tanto hablar del territorio/paisaje/espacio/calle/escena/imagen que configura, por ejemplo, la Gran Vía de Granada o, en el extremo opuesto la calle Molino Nuevo (en la zona norte de la ciudad con mayores índices de exclusión social y pobreza), sino los contenidos y el alcance del análisis que en cada caso se haga, y los resultados últimos del conocimiento productivo y sus posibles transferencias para conservar lo que tenga valor patrimonial o cambiar lo que socialmente sea deficitario.

En los últimos años, como ocurrió con la semiótica en su día, se abusa de la palabra paisaje; pero, sin duda, las mejores investigaciones irán acotando su verdadera aportación a los estudios urbanos, tanto en el ámbito más estrictamente académico como en su valor de transferencia, es decir, su aplicación a mejorar tanto la ciudad histórica declarada y protegida, como las áreas periféricas o suburbiales tan próximas a aquella. En numerosas investigaciones de la Historia urbana o del urbanismo, han sido fuente fundamental de estudio las “vistas” de ciudades, los paisajes urbanos de tan perfecta y elocuente “composición” como las del Civitates Orbis Terrarum. Antes de que existiera la cartografía moderna exacta, en todas esas representaciones las ciudades tienden a ofrecerse como centros políticos, culturales, económicos de excelencia y gloria. Sus imágenes se difunden como parte de sus estrategias de dominio y grandeza, que va mucho más allá de los límites físicos marcados por las murallas; pues, como muy bien supo ver Alberti, la sombra de la cúpula de Brunelleschi proyectaba por todo el territorio de la Toscana el prestigio del nuevo humanismo.

Con mayor o menor énfasis en el término paisaje, lo cierto es que la estructura discursiva de la historia urbana (historia del urbanismo, historia urbanística…) se ha ocupado de identificar y definir distintos modelos de ciudad manufacturados por la historia, desde sus orígenes hasta nuestros días, aunque con especial interés en los surgidos de las revoluciones del siglo XVIII: la Ciudad Industrial, la Ciudad Burguesa-Liberal, la Ciudad Jardín o la Ciudad Lineal, la Ciudad Funcional, la Ciudad Posmoderna, o en nuestros días lo que parece la negación misma de la ciudad: la Urbanalización. Todos estos modelos han producido distintos paisajes históricos muy contundentes: el dibujo de K. F. Schinkel, expresión de la angustia causada por una ciudad industrial de arquitecturas “sin estilo”; el paisaje urbano de la ciudad del “garantismo”, estado previo a la utopía de Charles Fourier; el paisaje del bulevar, imagen de la modernidad urbana fotografiado componiendo una escena entorno a un mingitorio y todos los objetos de la haussmanización; los paisajes alternativos de la ciudad jardín o de la ciudad lineal, que en realidad son paisajes morales y éticos del hombre moderno; el idílico mar verde de la ciudad contemporánea para 3 millones de habitantes de Le Corbusier, o el territorio paisaje de sus unidades de habitación fundidas con la naturaleza, imaginaciones todas propias de un verdadero paisajista.

Y las mejores investigaciones han sido aquellas que no se han quedado en la epidermis (como en la Historia del Arte se pasó del formalismo a la interpretación compleja de los significados ocultos en los paisajes), sino que han planteado la complejidad de la cultura y de la forma urbana. Me atrevo a poner como ejemplo el Londres único (Rasmussen) o la Viena fin de siglo (Schorske), como algunos de los mejores trabajos de paisajes urbanos históricos. Del mismo modo que la historia de la ciudad no puede quedarse en la descripción epidérmica de los cambios formales, los análisis del paisaje urbano no pueden limitarse a la descripción de la “imagen- cuadro”. Su dialéctica, es decir su complejidad, es histórica. Un buen ejemplo, entre nosotros, es la reciente Guía del Paisaje Histórico Urbano de Sevilla.

Y por último, frente a la reflexión que sugieren los “paisajes urbanos homogeneizados”, en el contexto de la llamada urbanalización7 (concepto muy bien analizado por Francesc Muñoz, aunque no comparto algunas de sus conclusiones teñidas de neo-romanticismo), el paisaje de ciudades históricas como Sevilla o Granada, o tantas otras, pueden ofrecer escenarios ideales casi incontaminados en los que se busque la identidad o la autenticidad de un determinado espacio (con todo tipo de reservas). Pero en realidad no es así. Del mismo modo que no existe el paraíso bíblico, no existe la ciudad-paraíso, de perfecta forma o inmaculado paisaje.

Zona de Molino Nuevo. Ambiente urbano y problemática social.

 

Colonias Postindustriales: crisis y revalorización

Joaquín Sabaté Bel
Catedrático de Urbanismo. Coordinador Laboratorio Internacional de Paisajes Culturales.
Pere Vall, Profesor titular de Urbanismo

 

El principal agente constructor del paisaje de las colonias es el fabricante local impulsado por el interés del negocio textil. Su confluencia conduce a la saturación de la fuente de energía y al empleo sistemática de todo espacio útil del río, y viene acompañada también de la construcción de la carretera y el ferrocarril. La inversión pública es inexistente, reflejo de la impotencia del Estado para urbanizar el territorio y dotarlo de las infraestructuras necesarias para su progreso. La colonia se consolida como un espacio privado y autónomo en conflicto con el poder municipal.

Pero a partir de los años treinta del siglo XX, decrece la inversión del fabricante en la colonia, que ha alcanzado en muchos casos su techo productivo. Ésta sobrevive a los conflictos sociales y a la guerra civil, y aprovecha el proteccionismo del primer franquismo para ajustar el lastre de su fábrica obsoleta y de los costes de transporte.

Colonia Viladomiu Vell. 1978.

Desde los años sesenta, la degradación de edificios y espacios libres se acentúa y en la cuenca del Llobregat, se abandona el ferrocarril. La propiedad se fragmenta, aunque se mantienen piezas significativas en las mismas manos. La responsabilidad sobre el espacio público y algunos edificios singulares se traslada a la administración municipal. Se venden las viviendas a los trabajadores y se alquilan las naves industriales. Se inicia un nuevo ciclo de gestión compartida donde participan ayuntamientos, asociaciones y antiguos fabricantes propietarios.

Las inversiones en las colonias son ahora de estricta supervivencia. Los vecinos asumen de forma individual o a través de las asociaciones, la rehabilitación del parque residencial. El antiguo fabricante dedica parte de las rentas generadas por el alquiler del parque industrial a un mínimo mantenimiento.
Los ayuntamientos afrontan con dificultades la adecuación básica de los espacios públicos y de algunos edificios deteriorados.

Con el tiempo, los cambios en los mercados no dejan lugar a estas particulares formas de industrialización dispersa. La electricidad permite poner las fábricas donde se quiere y la economía global muestra que la concentración es la fuerza. Las fábricas de las antiguas colonias ya no funcionan y muchos campos de alrededor tampoco se trabajan. El trabajo se fue y con él los habitantes de esta ciudad discontinua que había crecido allí, donde una esclusa permitía aprovechar la fuerza del agua. Y donde la actividad permanece, se ha producido una ruptura de la unidad residencial y productiva. Trabajadores y residentes; fabricantes, propietarios de viviendas y de los saltos de agua, dejan de estar ligados por intereses comunes, como en las viejas colonias.

 

Participación de las escuelas en un itinerario temático alrededor de la colonia Viladomiu Vell. 2006

Muchas de las antiguas colonias o fábricas de río han desaparecido dramáticamente por su obsolescencia productiva; al quedar ahogadas por el crecimiento de los núcleos o por la cola de los pantanos; o bien por el insuficiente confort de la residencia o la falta de servicios y transporte público. A pesar de todo, se trata de conjuntos que se han transformado continuamente durante bastantes años, hasta convertirse en pequeños núcleos urbanos en medio de un paisaje rural. Y hecho consolidado un rico patrimonio de esclusas y embalses, casas de compuertas y canales; fábricas y chimeneas; viviendas y equipamientos; jardines y parajes de huertos familiares.

Y precisamente desde hace unos años, quizás demasiado tarde en muchos casos, comienzan a surgir proyectos, mayoritariamente públicos, que buscan un futuro vinculado a la recuperación y conservación del patrimonio con nuevas alternativas económicas y sociales. Es en un momento especialmente crítico para el avanzado deterioro de muchas colonias, que se plantean todo tipo de estudios y proyectos de impulso y reactivación. Es ahora, que el Gobierno de la Generalitat encarga dos planes directores urbanísticos de las colonias industriales, con el objetivo de coordinar las posibles acciones de reactivación. Las intervenciones se suceden vertiginosamente. El detonante es una primera y desesperada llamada de atención por parte de agentes locales amantes de su patrimonio. La celebración de los “150 años de las colonias” marca un punto de inflexión en cuanto al reconocimiento de un extraordinario patrimonio. Poco después comienzan una serie de pequeños proyectos, desde la limpieza y señalización, a la rehabilitación de edificios o recuperación puntual de naves y chimeneas.

Fotoplanos colonia Ymbern o El Pelut. Plan Director Urbanístico (PDU) de las colonias del Ter y Freser.

Ahora bien, ¿es suficiente con un buen puñado de proyectos para vertebrar este territorio? ¿Lo es con la intervención puntual y limitada de los agentes públicos? Creemos que no, que necesitamos intervenciones estructuradoras, políticas de vertebración supramunicipal de mayor envergadura, trabajos de restauración de los ríos, rescate de las concesiones y transformación de las antiguas carreteras en vías cívicas. Se requiere un esfuerzo significativo de la administración pública, en términos de inversión e impulso político.

Son precisos, además, liderazgo local; participación de los vecinos; ideas y voluntad política para impulsarlas; una estructura de mediación interadministrativa; y acuerdos entre agentes e intereses diversos; falta una nueva cultura participativa y el esfuerzo de todos los agentes del territorio. La revalorización del paisaje de las colonias requiere visión de conjunto, pero a la vez intervenciones precisas y cercanas. Y es en esta línea que se mueven los dos planes directores urbanísticos, el del Ter y el del Llobregat. Vemos en primer lugar cuáles son sus rasgos comunes. El diagnóstico que hacen es común y preocupante: los habitantes de las colonias tienen servicios de ciudadanos de segunda; la estructura productiva está envejecida, dificulta la convivencia entre las actividades residencial y productiva, y aparecen bastantes problemas derivados de una estructura de la propiedad no actualizada. Y también es común y pragmática la alternativa de ambos planes: la regeneración urbana debe pasar por la promoción económica.

 

La recuperación de un patrimonio tan extenso y disperso solo es asumible con condiciones de prosperidad económica y de calidad de vida en el conjunto de las colonias. Dicho lisa y llanamente, una colonia viva requiere una fábrica viva.

Y esto supone impulsar la ocupación del suelo industrial con viejas o nuevas actividades económicas, lo que requiere mejorar los factores de localización (acceso, energía, telecomunicaciones…); promover usos con mayor valor añadido, incluso propiciar cambios de uso de industrial a terciario, y, en el límite, a residencial. Sin embargo no debe perderse de vista el objetivo de que las plusvalías generadas reviertan en consolidar espacios libres y servicios (calidad de vida) y en compensar el sobrecoste de mantener vivo el patrimonio construido. Esto implica asimismo otros requerimientos, tales como:

a) Impulsar dinámicas empresariales basadas en el turismo cultural.

b) Favorecer el incremento del número de habitantes hasta una dimensión crítica, capaz de mantener servicios y dotaciones y hacer razonable la demanda de transporte público.

c) Rehabilitar edificios y espacios libres de valor patrimonial en estos barrios dispersos.

d) Garantizar una adecuada vecindad entre las zonas residencial e industrial o terciario (con actividades compatibles y diferenciación de accesos en su caso).

e) Promover el transporte público, servicios y dotaciones necesarios.

No hay que olvidar una premisa básica, muchas de las mejoras requieren una modificación respetuosa de las colonias, un incremento de residentes y viviendas. Este paisaje cultural no es el resultado acabado de un proceso, sino una realidad continuamente cambiante y puede continuar cambiando. La herencia cultural no es sólo para conservarla. Se trata de superar una posición meramente conservacionista del patrimonio y de confiar en que la construcción actual puede también generar identidades y nuevo patrimonio. La preservación sólo es posible desde una transformación muy cuidadosa de los valores patrimoniales de las colonias.

Unidad temática de la Farga Bebié a Borgonyà. PDU de las colonias del Ter y Freser.

Nuestros planes directores urbanísticos defienden una actitud pragmática, proponen actuaciones tuteladas de impulso privado, rentables y vinculadas a la mejora de la calidad de vida en las colonias. Establecen a su vez unas reglas de juego generales, unas directrices abiertas y sugieren proyectos estratégicos. Lo hacen combinando dos escalas de reflexión, la del proyecto específico y detallado en cada lugar, pero a la vez unas pocas intervenciones vertebradoras de escala territorial, capaces de articular este conjunto de asentamientos como una verdadera ciudad de barrios dispersos unidas por los ríos y alimentadas por la carretera.

A partir de estos rasgos comunes, cada uno de los dos planes directores responde a las características bien diferentes de los territorios y asentamientos con otras medidas más específicas. Recogemos en este artículo el correspondiente al de la cuenca superior del Llobregat. El valle del río Llobregat entre el Llano del Bages y el pre Pirineo constituye su ámbito. Es una unidad geográfica caracterizada por el alto valor patrimonial de su secuencia de establecimientos textiles encajadas en un estrecho valle fluvial. Distinguimos dieciocho piezas a lo largo de 24 kilómetros del río, doce colonias, tres semi-colonias y tres fábricas de río.

Nuestro Plan afecta a nueve municipios ribereños y coordina un sistema urbano de unos veinte mil habitantes articulado a lo largo de casi 30 kilómetros del curso fluvial entre el Pantano de La Baells y la Acequia de Manresa. Unos dos mil habitantes se reparten en las doce colonias y tres semi-colonias, y unos dieciocho mil se concentran en cuatro villas de río.

 

Intervenciones los Meandros del Ter. PDU de las colonias del Ter y Freser.

Las fábricas de río en Manlleu. PDU de las colonias del Ter y Freser.

 

El ámbito del Plan se centra en el reconocimiento del hecho geográfico, entendiendo el valle como unidad de referencia. El Consorcio del Parque Fluvial del Llobregat (ente supramunicipal (2003) es el encargado de desarrollar el Plan Estratégico para el Desarrollo del Parque Fluvial Navàs-Berga, de: impulsar la actividad turística y productiva de calidad; preservar y difundir el patrimonio cultural y natural; impulsar la gestión y el planeamiento conjunto del parque. Forman parte del Consorcio los ayuntamientos implicados, la Generalitat de Cataluña, la Diputación de Barcelona, el Consejo Comarcal y diversas entidades representativas de la sociedad civil local.

Ámbito regulado por PDU de las Colonias del Llobregat y zona de protección inmediata. Plan Director Urbanístico de las Colonias del Llobregat.

La iniciativa del Parque Fluvial nace con el impulso de la sociedad civil local a partir de la toma de conciencia del valor singular de su territorio. El turismo cultural ha sido la línea de trabajo predominante durante los primeros años de la iniciativa, pero el plan director ha de permitir superar esta primera etapa y desarrollar un proyecto territorial propio. Para ello se aborda la transformación física del sistema de colonias con directrices y actuaciones. Se identifican cuatro colonias-puerta para ordenar el uso turístico y proyectar una imagen unitaria. La Puerta de la Cultura, la Colonia Museo, el Centro del Parque y la Puerta del Comercio, explican su historia propiciando la complicidad de los residentes. El recurso narrativo vinculado a los caracteres locales refuerza el sentimiento interno de pertenencia e incrementa el reconocimiento externo. La apuesta por algunas colonias como lugares de acogida ayuda también a focalizar inversiones públicas mejorando su eficacia. El PDU de las colonias aprovecha la antigua carretera C-1411, liberada del tráfico de paso, y prevé su transformación en vía cívica. La Ruta de las colonias, dispuesta en la vertiente opuesta y conectada a la carretera local mediante un puente en cada colonia, complementa la accesibilidad inmediata al curso fluvial. El diseño de itinerarios es una estrategia propia del proyecto en paisajes culturales para conectar los elementos de patrimonio más relevantes en una red de recursos. La colonia establece un vínculo orgánico con el paisaje fluvial. Para ello se delimita una zona de protección especial que comprende el fondo del valle y los primeros rellanos intermedios a ambos lados del río. Dentro de este ámbito especialmente vulnerable por su accesibilidad, se prohíben nuevas construcciones y se regulan las actividades productivas, especialmente las explotaciones mineras y agropecuarias.

La pobreza e inmediatez de los catálogos municipales en el ámbito de las colonias, que apenas reconocen piezas singulares, contrasta con el nuevo planeamiento ambiental, consciente de la rica diversidad de los elementos. La preservación de la matriz ambiental de la colonia requiere una visión integradora de sus diversos componentes. Buena parte de su valor reside en la coherencia y calidad de sus espacios libres, y su relación con las construcciones inmediatas. Por este motivo, se identifican en cada caso edificios y espacios libres significativos preservando sus vínculos, y considerando conjuntamente la zona residencial y la zona industrial.

Se delimitan áreas de crecimiento, de tamaño modesto y se condiciona su desarrollo a la rehabilitación del parque residencial existente. Se establecen creterios cuantitativos y compositivos para estos crecimientos, como una densidad bruta de 50 viviendas por hectárea y un número mínimo de 110 viviendas para las colonias aisladas. Ambos parámetros se obtienen por analogía con tejidos residenciales sostenibles y por la constatación empírica del número de viviendas mínimo asociado a un pequeño comercio. Por otro lado se protegen los patrones morfológicos de la pieza y se plantea su crecimiento en coherencia con éstos, ya sea por sustitución de un cuerpo industrial existente, por restitución de uno residencial previamente derruido, o por continuidad con las estructuras preexistentes.

Se delimita la zona industrial de cada colonia a partir de la ocupación existente, preservando el dominio fluvial y los espacios libres compartidos con la zona residencial. Se admite la sustitución del uso  industrial tradicional por el residencial, comercial o terciario, siempre que se respeten las restricciones propias de las zonas inundables establecidas, y se mantenga el carácter de los edificios industriales históricos.

Las únicas inversiones públicas relevantes con repercusión directa sobre las colonias durante la crisis de los años ochenta fueron para extender el suelo industrial y el desdoblamiento de la antigua carretera C-1411. Se trata de actuaciones de fuerte impacto ambiental, promovidas desde la administración central y la debilidad de la inversión pública orientada a la vertebración local del territorio se mantiene hasta la actualidad, al tiempo que se ejecutan nuevas actuaciones sectoriales como el trazado de la autovía C-16 y la construcción de depuradoras municipales. A finales de los años noventa, un nuevo operador supramunicipal de base local (el consorcio) asume el impulso y la coordinación de pequeños proyectos públicos, dirigidos esta vez a un proyecto territorial propio: el Parque Fluvial del Llobregat. Se trata de actuaciones con rasgos comunes: son puntuales pero de amplio efecto difusor; dotan de estructura pública al parque (Oficina de turismo, Centro de interpretación y Ruta de las colonias); son selectivas y aprovechan áreas de oportunidad; la visibilidad y presentan una notable implicación ciudadana.

Una vez asumida la intervención pública mediante pequeños proyectos de rehabilitación y señalización adaptados a los intereses puntuales, es necesario avanzar hacia políticas de vertebración local de mayor envergadura. Pero la capacidad de intervención resulta limitada por la propiedad mayoritariamente privada del suelo y los inmuebles. Por este motivo, el Plan propicia la participación de operadores privados, generando incentivos a la inversión y estableciendo al mismo tiempo criterios y controles de calidad. La voluntad operativa del Plan se concreta fundamentalmente en proyectos rentables de impulso privado, tutelados por agentes públicos y vinculados a la resolución del déficit estructural de cada colonia. Se identifican actuaciones básicas de crecimiento residencial y cambio de uso del espacio industrial que pueden catalizar la mejora urbana de la colonia a partir de las plusvalías generadas. Se intenta ofrecer asimismo un acceso segregado a la fábrica, nuevos aparcamientos y recuperación de espacios públicos y equipamientos. Se plantean propuestas a medida para cada caso, considerando ineludible el diseño específico de la pieza y, en último extremo, el compromiso de la arquitectura con la topografía y el espacio público.

El Plan de las colonias se desarrolla como un proyecto físico para el ámbito, pero contiene asimismo, de forma más o menos explícita, un proyecto político. Reconocemos una cierta desproporción entre la ambición del primero y las limitaciones del segundo. Una vez alcanzado el consenso en torno al proyecto físico con la aprobación definitiva del Plan, queda aún pendiente el impulso político que debe resolver su gestión supramunicipal. La reforma urbana de cada colonia requiere necesariamente un pacto a tres bandas entre productores, vecinos y ayuntamientos. Se trata de un acuerdo específico para cada caso, ajustado a la realidad física y social concreta, a las condiciones de propiedad, y a los intereses de la administración local. Cada colonia reacciona de forma particular ante el cambio de uso del espacio industrial y la posibilidad de un cierto crecimiento residencial. En general, las más vacías son más permeables a la transformación, mientras que en las más pobladas se constata un sentimiento, bastante común, de desconfianza. Seguramente, la participación real de las asociaciones de vecinos en la redacción de los convenios urbanísticos puede revertir esta situación y es fundamental si se pretende progresar hacia un proyecto político consistente.
Este Plan de las colonias establece las bases de los convenios urbanísticos desde donde se pacta la ordenación futura de cada una. Corresponde a los diversos ayuntamientos el control público de las actuaciones, garantizando su coherencia en relación a los criterios cuantitativos y morfológicos establecidos, así como la reinversión adecuada de los beneficios generados. Pero el impulso y el control de las actuaciones y directrices territoriales precisa la figura de un ente coordinador supramunicipal. La redacción de un plan director abre, de hecho, un proceso de diálogo entre los agentes locales con el objetivo de constituir el ente coordinador. Su eficacia, en tanto que instrumento de concertación, depende en buena medida de su capacidad de propiciar los acuerdos necesarios. El Consorcio del Parque Fluvial del Llobregat, tal como prevé el propio Plan de las colonias, puede asumir nuevas atribuciones urbanísticas complementando las tareas actuales de promoción turística y económica.

Quizás la lección más interesante que estamos aprendiendo los implicados en estos proyectos es la necesidad de integrar estructuras físicas y narrativas, tangibles e intangibles, en aras a poner en valor este hermoso patrimonio, preservándolo a través de su transformación.

 

Por un nuevo urbanismo de transformación y reciclaje

José María Ezquiaga.
Arquitecto-Urbanista (Premio Nacional de Urbanismo 2005)

 

Imaginar el futuro de la ciudad significa hablar de los miedos y deseos del presente más que un ejercicio de predicción racional. Por eso resulta a veces más interesante indagar en las imágenes literarias o artísticas donde estos temores se expresan con mayor libertad que en los ensayos de prospectiva urbanística. A diferencia de las representaciones apocalípticas de la destrucción de la Torre de Babel, símbolo de la dispersión y ruina que engendran las utopías humanas, la inquietante ambigüedad de la versión de Pieter Bruegel dimana de mostrar la armonía de una obra destinada a permanecer inacabada. La apenas perceptible actividad constructiva parece estabilizada en un proceso de construcción/ destrucción que, a semejanza de los ciclos naturales, parece ansiar el equilibrio. En tal sentido la imagen de la torre como ruina y soporte de una nueva etapa urbana no puede dejar de evocar imágenes análogas de Arles, Luca, Roma o Split. Lo que el pintor nos está mostrando es en última instancia la traducción artística de la real experiencia de la transformación medieval de la ciudad clásica.

 

 

Como contrapunto, las igualmente inquietantes imágenes del proyecto y ejecución del Ámsterdam Zuid o la New Town de Edimburgo parecen sugerir las potencialidades organizadoras de la razón desplegada, y el valor del Proyecto como voluntad apropiadora de la incertidumbre del futuro. Si las figuras de la Babel inacabada o de la Roma Imperial en perpetua mutación nos ayudan a entender la ciudad como obra abierta y acumulación transformativa del material heredado, Ámsterdam nos propone el entendimiento de la ciudad como proyecto, es decir, como tarea de búsqueda de una solución finalista que oponer al caos de la Metrópolis.

 

Pensemos ahora en dos películas de culto separadas por cincuenta años. En la “Metrópolis” de Fritz Lang (1926) se revela el secreto de la ciudad industrial: bajo la superficie armoniosa de la ciudad de la luz, donde la tecnología está al servicio del ocio y la felicidad de una minoría, se esconde otra ciudad, tenebrosa y subterránea, donde la máquina devora la vida de sus esclavos. La metrópolis imaginada por Lang es en el fondo frágil porque se asienta sobre la amenaza de rebelión contra el orden injusto.

Muy distinta es la imagen de la ciudad futura como jungla en “Blade Runner” de Ridley Scott (1982). La difusión de la tecnología no es capaz de crear una nueva organización social, ni de satisfacer las aspiraciones de felicidad, más bien se incorpora con naturalidad en la superposición confusa de fragmentos que componen la ciudad.

¿Qué imágenes representan mejor la modernidad, los individuos convulsos en el caos de estímulos y movimiento de la metrópoli imaginados por los “futuristas” de principios de siglo, o la intensa soledad de los personajes de Hopper, náufragos en la gran ciudad y las periferias sombrías y silenciosas de Mario Sironi?

Quizás lo que mejor caracterice la condición contemporánea sea una transformación de las ciudades tan profunda como la experimentada en la fase de surgimiento de las sociedades industriales y, como corolario, la crisis de las ideas tradicionales de urbanidad, espacio público y paisaje. Desde la utilización por los sociólogos de la Escuela de Chicago, en los años veinte, de la metáfora orgánica para explicar el ciclo vital de las ciudades, hasta la concepción del planeamiento como expresión de la vocación espacial de un sujeto ciudad, se ha atribuido a la ciudad una imagen equívoca de entidad coherente y unitaria. Más recientemente, la planificación estratégica asociada al discurso económico ha profundizado en la difusión de este icono al presentarnos las ciudades como sujetos económicos disputando en un escenario de competencia universal.

Sin embargo, la ciudad no es tanto un actor como un lugar ocupado por muchos actores. Ya no es posible hablar ya de una relación directa entre las formas de centralidad y una referencia geográfica concreta, como en el pasado pudo establecerse con el Centro Histórico o los modernos Centros Financieros. La expresión contemporánea de la centralidad asume una multiplicidad de configuraciones espaciales, tanto en escala geográfica como en cualidad. La denominada nueva economía, basada en la información y el conocimiento, se caracteriza por su dimensión global, es decir, por la interconexión electrónica que permite que determinadas actividades, destacadamente los mercados financieros, funcionen como una unidad en tiempo real. A partir del reconocimiento de la primacía de las redes virtuales, diversos autores (Castells, Asher, Giddens…) se han preguntado acerca del futuro de las grandes aglomeraciones urbanas, frente a los emergentes procesos de desterritorialización.

Si bien, las ciudades continuarán desempeñando el papel de puestos de mando la extraordinaria capacidad de generación de riqueza asociada a las nuevas actividades y su desigual distribución en función del lugar que estas ocupen en las redes globalizadas de individuos y empresas, determinan una extraordinaria variedad de situaciones en localización y estructura de la centralidad. Cabe así hablar de centralidades geográficas o electrónicas, en virtud de que estas respondan a nodos físicos de concentración de funciones direccionales, o bien tengan un carácter meta territorial, vinculado a espacios generados electrónicamente (p.e. los mercados financieros). En todo caso, y paradójicamente, la optimización del uso de las tecnologías de la información demanda siempre un soporte infraestructural y un territorio geográfico sobre el que desplegarse. Las ciudades globales constituyen, desde este punto de vista, antes que cualquier otra cualidad, concentraciones de infraestructura y el ámbito donde se materializa el conflicto entre mercado y esfera pública; conflicto que atraviesa y explica la moderna construcción del espacio social y sus expresiones arquitectónicas.

 

Las formas organizativas del nuevo territorio

En consecuencia, no existe una forma canónica de la metrópolis contemporánea y la idea de proyecto de ciudad o modelo normativo, en las claves que tenía en la planificación tradicional, solo opera aceptablemente en la micro escala, significando más bien un obstáculo para fundamentar políticas eficientes en la escala metropolitana. La emergencia de un nuevo territorio, que cambia la escala de comprensión e intervención sobre los hechos urbanos y multiplica las dimensiones de su complejidad demanda nuevos instrumentos y estilos de planeamiento y proyecto arquitectónico No debe deducirse de esta afirmación el sometimiento de la evolución de la forma urbana a unas tendencias inexorables del mercado, otra manifestación muy extendida del pensamiento mágico, sino la necesidad de deshacerse de prejuicios para decodificar las nuevas formas de organización metropolitana y poder formular principios eficientes de gobierno del territorio.

Estos principios no podrán ser ya analogías geométricas, como en la tradición del pensamiento urbanístico (de la ciudad jardín descentralizada a la malla polinuclear), sino estrategias adaptadas a un tablero de juego en movimiento, en el que no solo es importante el que y el cuanto (es decir, la  asignación de usos e intensidades de aprovechamiento al suelo) sino la sintaxis y el tiempo. Es decir, definir cómo y en que escalas temporales se construye el territorio. Esta aproximación nos devuelve, paradójicamente, a los momentos fundativos del urbanismo a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando este se manifestaba como instrumento de una más amplia visión de la  transformación social y no solo como herramienta reguladora.

Atendiendo a la forma organizativa del territorio de la centralidad, se constata la permanencia del Centro urbano convencional como expresión clave de la centralidad, pero se detectan, asimismo, tendencias simultáneas hacia la expansión de la misma sobre el territorio metropolitano, formando una red de polos de actividad terciaria intensa, y hacia la formación de centralidades transterritoriales organizadas sobre redes telemáticas de intercambio económico. Es posible hablar también de una centralidad infraterritorial, en virtud de los pliegues del tiempo y el espacio sobre las centralidades geográficas concretas. La telemática aparece como condición necesaria de la descentralización y dispersión espacial de las actividades antes asociadas al Centro urbano, al neutralizar las distancias físicas. Sin embargo, otras fuerzas gravitatorias tienden a mantener la cohesión e importancia de los centros urbanos en cuanto concentración de infraestructura y nodos geográficos de la innovación tecnológica asociada al conocimiento y a la educación superior.

 

El territorio post-metropolitano supone un extraordinario incremento de la diversidad y la complejidad funcional pero a diferencia de los tejidos urbanos tradicionales densos y mixtos caracterizados por una gran intensidad de las interacciones funcionales en la pequeña escala, el nuevo territorio se organiza sobre la base de piezas de escala intermedia que tienden a reproducir la lógica del conjunto territorial. Por eso podemos afirmar que la segregación funcional simple de las primeras etapas de formación metropolitana se ve superada por una estructura fractal más compleja.

De igual forma, la geografía de la polarización social adopta la forma de un mosaico de entidades ensimismadas. La ciudad dual convencional se transforma en un tapiz fragmentario de micro segregaciones espaciales de baja visibilidad (de los guetos de inmigrantes en los intersticios de los tejidos consolidados a las urbanizaciones cerradas más exclusivas). La metáfora geológica de un espacio estructurado en estratos es probablemente más adecuada que la zonificación (o segregación de usos) convencional para representar las dimensiones complejas de la realidad metropolitana. Los estratos dan cuenta de diferentes cristalizaciones de la construcción social de la realidad, capaces de solaparse sobre el mismo espacio geográfico y, lo que es más importante, permiten incorporar el tiempo como dimensión adicional del espacio.

 

Refundar la validez y legitimidad social de los Planes y Proyectos urbanísticos: la insostenibilidad de un modelo de ocupación y uso del territorio basado en el consumo masivo de suelo, agua y energía.

El boom inmobiliario ha alimentado durante años la ilusión de que el mercado era referente suficiente para fundamentar el urbanismo. Los Planes urbanísticos desvinculados de las necesidades reales de los ciudadanos han tendido a reducirse a poco más que planos de infraestructura y las normas urbanísticas amputadas de la vocación reformadora con la que nació el urbanismo se han convertido en rituales muchas veces incomprensibles para el ciudadano común.
La dura realidad de la crisis ha venido a desvanecer este espejismo, con las dramáticas  consecuencias conocidas, pero supone, también, la oportunidad de reformular el urbanismo desde bases más sólidas y necesarias: las complejas dimensiones de la sostenibilidad y la atención a las necesidades cambiantes de vivir en ciudad.
Estos nuevos objetivos demandan reorientar el carácter de Planes y Proyectos urbanos para convertirlos en instrumentos de verdad estimulantes, flexibles y abiertos a la innovación. Capaces de abordar los desafíos emergentes de las ciudades contemporáneas: la incorporación activa de la Naturaleza, la sostenibilidad energética, las formas alternativas de movilidad… sin perder por ello de vista la atención a las necesidades de calidad de vida y cohesión social: salud, acceso a la vivienda, deterioro de las comunidades… y la sensibilidad hacia lo local: la historia y la geografía irrepetible de cada lugar.

A mi juicio es necesario refundar la validez y legitimidad social de los Planes y Proyectos urbanísticos desde nuevos criterios:

a) Como expresión del valor el  capital social, económico, espacial y simbólico de la ciudad existente, abandonando la ilusión del urbanismo de crecimiento y expansión ilimitada. Priorizando, alternativamente, la activación del centro urbano, la reprogramación del suelo urbanizable vacante, el reciclaje del parque deficiente de viviendas, la integración y mixtura de usos y la cohesión social.

b) Como vehículo de la responsabilidad intergeneracional sintetizada en el concepto de desarrollo sostenible. Esta concepción del desarrollo tiene consecuencias esenciales sobre el enfoque convencional del urbanismo y la administración de los recursos al demandar una previsión de las consecuencias de los procesos de transformación espacial a largo plazo, así como la adopción de políticas que reflejen los costes reales del consumo del territorio y su impacto sobre los recursos no renovables… El Plan se puede convertir en un instrumento de garantía de los ciudadanos para conocer y decidir de manera efectiva en el futuro de su medio-ambiente y los riesgos inherentes a sus transformaciones.

c) Como marco de negociación de los intereses plurales presentes en la ciudad, entendiendo por tales no sólo los referidos a los actores tradicionales (Administración, colectivos vecinales, propietarios de suelo, constructores y promotores…) sino a las voces hasta ahora excluidas del discurso urbanístico convencional, especialmente las de las mujeres y los segmentos de población más frágiles (niños, ancianos, minorías culturales…).

d) Como instrumento útil para la gestión de los procesos reales de la ciudad. La complejidad social, geográfica, histórica y morfológica de las ciudades contemporáneas difícilmente encaja en el zoning convencional. Más bien al contrario, estos instrumentos muchas veces suponen un serio obstáculo para afrontar eficientemente los problemas esenciales de la planificación contemporánea: la insostenibilidad de un modelo de ocupación y uso del territorio basado en el consumo masivo de suelo, agua y energía.

En síntesis, el nuevo urbanismo debe asumir como punto de partida de las demandas plurales de los ciudadanos, abandonar la pretensión de suplantar la compleja realidad social y geográfica la ciudad por su mera reglamentación y adoptar como principios alternativos a la opacidad burocrática: la transparencia, la resiliencia y el protagonismo ciudadana directo.

La Aduana y el Miramar, dos nuevas referencias para el turismo de Málaga.

Publicado en 23 Diciembre, 2016, por en General.

El presente año 2016 se cierra arquitectónicamente con las que serán, sin lugar a dudas, las dos actuaciones de rehabilitación más importantes que se han realizado en la ciudad en estos últimos años. Se trata de las rehabilitaciones del excepcional edificio de la Aduana para albergar las importantes colecciones de Bellas Artes y Arqueología de la Ciudad, y la del edificio Miramar que después de un discutido recorrido para otros usos retorna a su original destino hotelero con la apertura del “Gran Hotel Miramar” de la Cadena Hoteles Santos.

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En el caso del edificio de la Aduana, se culmina la reivindicación de la ciudad que desde hace más de 19 años venía solicitando el uso museístico para el que es su mejor edificio civil del Palacio de la Aduana con el fin de poder recoger los fondos artísticos del Museo de Bellas Artes y Arqueológico Provincial, con más de 15.000 piezas de arqueología y una colección pictórica superior a las 2.000 obras realizadas en los siglos XIX y XX, y que el 12 de Diciembre culminó con su apertura oficial como Museo de Málaga completando así su actual oferta museística con los magníficos Museos Picasso, Thyssen, Pompidou, Ruso… y otros que han conformado la más excepcional colección pictórica del Sur de España y una de las más importantes del País. Este magnífico edificio neoclásico proyectado originalmente por Manuel Martín Rodríguez en 1826, y rehabilitado por Fernando Pardo, Bernardo García y Ángel P. Mora, con el proyecto museístico de Juan Pablo Rodríguez Frade ,se incorpora ahora a la ciudad como su más importante museo gracias a aquella acción reivindicativa de la ciudad, consiguiendo de esta manera que el Gobierno Central accediese a esta petición para convertirlo en la sede del  Museo de Málaga después de su anterior periplo como Aduana del tráfico Portuario, Real Fábrica de Tabaco y últimamente Subdelegación de Gobierno . Su apertura incorpora a la ciudad un centro expositivo con más de 2.300 obras pictóricas y arqueológicas, conformándose así como el mayor museo de Andalucía que gestionará directamente la propia Junta de Andalucía.

grand-hotel-miramar17grand-hotel-miramar15En el caso del Hotel Miramar también habría que celebrar el retorno a su original uso hotelero, después de su discutible uso anterior como sede del Palacio de Justicia que al igual que la Aduana fue reivindicado por aquella incipiente sociedad democrática de los años 70 que reclamaba su reapertura con el singular e importante Hotel que tuvo la ciudad desde principios del siglo XX como  primera referencia histórica del turismo de la Ciudad. Vuelve ahora dicho uso con su rehabilitación como un Hotel de alta gama para recuperar el esplendor de esta magnífica obra del arquitecto Fernando Guerrero Strachan, con decoraciones pictóricas de Enrique Jaraba, gracias a la iniciativa empresarial de “Hoteles Santos” después del Concurso Nacional que convocado en octubre de 2007 por la Consejería de Hacienda y de Turismo de la Junta de Andalucía se adjudica el edificio con el proyecto de rehabilitación que redacta “Estudio Seguí”. Su inauguración prevista para el día 29 de diciembre del presente año constituye la otra importante incorporación arquitectónica a la ciudad para potenciar su más cualificada oferta turística, no sólo de Málaga y su Costa del Sol sino también para la demanda del turismo nacional e internacional. Creo que al igual que la Aduana, su apertura va a provocar en sus visitantes un efecto de ilusionante sorpresa al poder volver a contemplar los magníficos salones con diseños y pinturas originales, el cuidadoso tratamiento de sus selectivas habitaciones, la interpretación de su cúpula central de cristal policromado, el tratamiento del color de su fachada modernista con la recuperación de sus elementos cerámicos de “trencadis” y de su cualificación con materiales nobles, la  interpretación de sus elementos arquitectónicos integrando la más avanzada tecnología que un establecimiento de esta categoría exige, la reposición vegetal en sus jardines históricos, y en definitiva la recreación de todo su pasado histórico reinterpretado desde una visión del presente para una excepcional oferta de futuro. Han sido dos años de intensos trabajos conjuntos, tanto empresariales como técnicos, desde que en octubre de 2014 comenzaran las obras y se finalicen ahora en diciembre de 2016,devolviendo a la ciudad la que fue su mejor referencia histórica del turismo en Málaga. El Gran Hotel Miramar es “algo más que un hotel”, ya que se trata de recuperar un periodo de la historia de la ciudad en donde los grandes acontecimientos sociales y singulares personajes nacionales e internacionales se daban cita en sus impresionantes salones y espacios ajardinados que admirando el paisaje del mar y disfrutando de su bienestar descubrían en Málaga lo que ya en aquellos magníficos y descriptivos textos de Francisco Guillén Robles o más recientemente de Vicente Aleixandre y Antonio Soler, describían el “paraíso perdido” de la singular belleza y excepcional hospitalidad de nuestra querida Málaga.

 

 

       José Seguí Pérez.

Arquitecto.

Arquitectura y Ciudad Histórica.

Publicado en 12 Diciembre, 2016, por en General.

malaga_vistas_desde_hotel_malaga_palacioEl valor de los Cascos Históricos para la cultura arquitectónica y urbanística actual sigue estando en su capacidad de adaptación a los cambios y al devenir del desarrollo de la ciudad, que no es otra cosa que su capacidad de modernidad y de futuro que los mismos sean capaces de proyectar. El pensamiento profesional encuentra su madurez al enfrentarse al Casco Histórico entendiendo sus relaciones y semejanzas con la ciudad, y no sus aparentes antagonismos, recogiendo las ventajas de la mejor urbanidad que la caracteriza. En este sentido, es bien cierto que la intervención arquitectónica en nuestros edificios históricos se ha desarrollado en uno de los más importantes debates profesionales de estos últimos años. Sin embargo, la enorme ambigüedad del propio concepto de la “intervención”, impide encontrar una adecuada referencia que clasifique el significado de la intervención arquitectónica y de los objetivos de la actuación sobre los valores que denominamos de lo “viejo” y de lo “nuevo”.

La conciencia histórica del pasado y presente, y su correspondiente valoración en cuanto a las intervenciones urbanas y a la producción de la ciudad, habría que buscarlas precisamente a partir de la nueva manera de intervenir que se origina en el Renacimiento. Es a partir de este momento cuando se plantea la actuación arquitectónica e intervención urbana desde la propia valoración crítica de la trama urbana existente, con el principal objetivo de integrar y asumir el pasado urbano desde una propuesta unitaria de proyecto de ciudad, sin que el problema de esta integración se reduzca a la fiel o estática interpretación historicista de dicho pasado urbano, sino por el contrario que adquiera su propia lógica dentro del congruencia interna del futuro proyecto de ciudad al que obedece los principales objetivos de su intervención.

Parece que ya no hay dudas, ni grandes discrepancias, sobre la necesidad de entender la intervención en la ciudad histórica en congruencia con las estructuras preexistentes. Lo que sin embargo está menos claro en la práctica habitual- y por eso ha de ser objeto de explicación en cada intervención – es cual debe ser la relación entre la intervención (lo nuevo) y el espacio y las preexistencias (lo viejo). El problema de la integración de lo “nuevo” y lo “histórico” ni puede reducirse hoy al fiel respeto de lo existente, ni refugiarse en la impremeditación e inconsistencia de lo caprichoso; más bien convendría buscar la lógica de cada intervención en lo “unitario” del proyecto de ciudad que ha de alentarlas y justificarlas.

Así pues, es evidente que esta nueva consideración de la intervención arquitectónica como concepto “integrador y rehabilitador” aparece precisamente en el momento que se produce un a conciencia de la historia, una evidencia en las condiciones establecidas en el pasado son diferente a las presente y que por tanto la intervención tiene que asumirlas en un proyecto de futuro. De esta manera, el objetivo principal de la intervención sobre la realidad construida, debería tener como principal objetivo el de unificar el espacio de la ciudad convirtiendo la práctica de la arquitectura en un adecuado instrumento de intervención que tenga en si misma su propia coherencia y unos concretos objetivos por “construir la ciudad”, asumiendo las diversas estructuras existentes en un proyecto de ciudad que ha de tener su propia unidad o modelo que la integre.

Es desde ese nivel, desde el que podríamos reclamar la intervención y la rehabilitación urbana como métodos de trabajo, evitando así que los Centros Históricos se conviertan en nuevas “periferias” de nuestras ciudades (invirtiéndose los “papeles” de las relaciones centro-periferia) al perder la “modernidad y pluralidad” sobre la que fueron concebidos en su origen histórico. En este sentido, este planteamiento puede ser, y debe ser, una buena metodología de intervención y gestión en el análisis global de la ciudad y en la recuperación del papel que el patrimonio del Centro Histórico debe jugar en dicho proyecto unitario de ciudad. La cualificación de su realidad social deberá ser la clave fundamental hacia la que debería moverse la legitimación de la intervención y rehabilitación de nuestros Cascos Históricos y su Patrimonio: la recuperación de su “modernidad” cultural y la “pluralidad” del conjunto de sus funciones, recuperando el valor de disfrute de los Centros históricos dotándolos de capacidades de futuro y bienestar al igual que lo tiene la ciudad consolidada.

El Guadalmedina y la continua amenaza.

Publicado en 29 Noviembre, 2016, por en General.

guadalmedinaDesde la construcción de la presa de El Limonero en 1983, no ha cesado el confuso debate sobre la nueva situación que esta actuación hidráulica aportaba al Río Guadalmedina, y en consecuencia a la ciudad, ya que a pesar de que dicha construcción de la presa se realizó con la principal justificación de evitar las inundaciones en la ciudad parece contradictorio que dicha  razón y ser de la presa no haya sentenciado esa amenaza para la cual se realizó. Y es que tanto su dimensionamiento como sus normas de explotación y gestión, obedecían a su concepción como presa de regulación y no de acumulación de agua, garantizando así que ante cualquier avenida de agua pudiera evitarse esta amenaza de inundaciones y utilizar su cauce exclusivamente para el desagüe de los arroyos aguas abajo de la presa y la propia regulación controlada de la misma en base a la justificación que antes apuntábamos.

Sirvan estas anteriores reflexiones para  prestar aún mayor atención e importancia al “Concurso de Ideas sobre la Integración Urbana del Río Guadalmedina” que convocó la Fundación Ciedes con todos sus patronos en el año 2012, en los que destacaba la presencia activa tanto en la convocatoria, como en su patrocinio y en el Jurado, el propio Ayuntamiento de Málaga y la Agencia Andaluza de Aguas de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía como entidades competentes y responsables en las actuaciones a realizar en el ámbito del Río Guadalmedina y sus bordes urbanos.

Si bien este “Concurso de Ideas” no tenía un carácter vinculante en su resolución, se convertía en una importante iniciativa tanto por la presencia comprometida de las citadas administraciones competentes como por la amplia representación de todas las instituciones públicas y privadas que agrupadas como patronos en la Fundación Ciedes tomaban la decisión, por primera vez desde la construcción de la presa de El Limonero, en clarificar técnicamente y urbanísticamente la realidad geográfica e hidráulica del Río Guadalmedina en su relación con la ciudad a través de un significativo reclamo como “el río que los une”. Los resultados de esta convocatoria dieron lugar a una importante confluencia de trabajos en donde una mayoría de las propuestas apostaban por integrar el Río en la Ciudad, resultando ganadora la propuesta que tuve la suerte de dirigir, junto con un amplio equipo técnico, en donde demostrábamos que la viabilidad hidráulica del Río se basaba en la propia gestión para la cual fue construida la presa de El Limonero y que en consecuencia posibilitaba también integrar urbanísticamente el Río y la Ciudad.

La operación del Río Guadalmedina es, sin lugar a dudas, la más importante asignatura pendiente de la ciudad de Málaga. No se puede simplificar sus soluciones mediante propuestas tan débiles e ineficaces como los efímeros itinerarios peatonales o bicis por su cauce, o bien las  artificiales “plazas-puente” para salvar desesperadamente la continuidad urbana de la ciudad por encima o al margen del Río y no “con el Río”. Y todo ello, ante la continua amenaza de quienes tienen las competencias sobre su cauce que quizás esté más motivada por razones de mantener el control administrativo sobre dicho espacio que la del reconocimiento hidráulico que la evidencia les llevaría a la comprensión urbana de la inevitable integración del Río con la Ciudad. Esta integración aportaría importantes mejoras no solo en las condiciones urbanas de sus deteriorados bordes del río, posibilitando sustituir las actuales muros injustificados de defensa del río por laderas ajardinadas de conexión paisajística con su cauce, conformando el mayor parque de la ciudad con una dimensión de diez veces mayor que la aportación que el Marqués de Larios con su realización del actual Parque de la Ciudad realizara a principios del siglo XX, sino que además se resolverían graves problemas viarios y de transporte público en sus ejes norte-sur, e incluso peatonalizaciones del Centro Histórico que sin esta actuación sería muy difícil entender ni lograr el acierto adecuado de los mismos. Y respecto al equilibrio entre inversión y repercusión social, es donde alcanzaría su mayor atractivo al suponer económicamente la realización de esta actuación menos del diez por ciento del valor de la operación del Metro en Málaga, aportando la importante rentabilidad social que producirían las necesarias reformas urbanísticas que requiere la ciudad, incluso para mejorar su tráfico y urbanidad, y la creación del mayor y más importante espacio público colectivo en toda su historia. La solución de concretar las bases para la redacción de un Plan Especial, que recogiera el contenido de aquel Concurso de Ideas para desarrollarlo administrativamente, podría ser una adecuada salida a esta situación sin tener que seguir planteando la continua amenaza del río como excusa para no actuar en esa urgente y necesaria integración Río Guadalmedina con su Ciudad de Málaga.

 

José Seguí Pérez.

Arquitecto.

El Teatro Cervantes, en el 30 Aniversario de su rehabilitación.

Publicado en 14 Noviembre, 2016, por en General.

teatro_cervante_01Han pasado ya treinta años desde que el Ayuntamiento de Málaga, en la figura de su Alcalde D. Pedro Aparicio, tomaba la decisión de reecatar de sus ruinas y olvido el “Teatro Cervantes” como principal baluarte de la cultura musical de la ciudad, iniciada por sus antecesores teatros del “Corral de Comedias”, “Teatro Cómico” o “Teatro Principal” de los siglos XVI y XVII.  Esta importante iniciativa cultural del Teatro Cervantes promovida por una culta burguesía reunidos a través de la “Comisión de Teatros”, encargaba al Arquitecto Gerónimo Cuervo el proyecto y al pintor Bernardo Ferrándiz las pinturas de su techo principal, inaugurándose en un acto solemne el 17 de diciembre de 1870 con la sinfonía de “Guillermo Tell” de Gioachiamo Rossini. Tuvo que ser en el periodo de la transición democrática del país cuando la Dirección General de Arquitectura del entonces Ministerio de Obras Públicas incluye, a petición del Excelentísimo Ayuntamiento de Málaga, en sus programas nacionales de Rehabilitación Teatral esta iniciativa encargando al Arquitecto José Seguí Pérez las obras de Rehabilitación, que fueron inauguradas por S.M. la Reina Sofía el 6 de abril de 1987 con un concierto de la Orquesta Sinfónica de Málaga con la pieza de “La Creación” de Joseph Haydn.

cervantes_interiorSirvan estas breves notas históricas para resaltar la importancia que tuvo este importante Teatro Cervantes no solo en la cultura de la ciudad, sino también en lo que ha representado en la formación musical de sus ciudadanos y en el auge del desarrollo cultural que iría a significar en la Málaga actual. Sin embargo hay otro aspecto que desearía destacar en este recordatorio, que como decía el entonces Alcalde D. Pedro Aparicio “un teatro es una ciudad con alas, es mucho más que un soporte físico para la emoción… es, teatro-cervantes-0por sí solo, la misma emoción”. Y a esa emoción se incorporaron una serie de personas que trabajaron incansablemente no solo para la adquisición municipal del edificio el 14 de enero de 1984, sino también en su completa rehabilitación y difícil gestión posterior en poner en marcha este importante e histórico proyecto. Y con esta emoción emprendimos los trabajos de la rehabilitación del Teatro, con un excepcional equipo técnico y empresarial. Se recuperaron todos los decorados originales del interior y su magnífica caja escénica muy deteriorada por el abandono que había sufrido el edificio, rehabilitando sus mobiliarios e incorporando nuevos diseños (de los que aún quedan las lámparas del techo del vestíbulo de acceso), así como una labor muy investigada de los colores de sus fachadas que fueron inicialmente de cales con cenizas semejantes a un “gris perla” que imitaba la piedra se sus sillerías de mortero en sus fachada (desgraciadamente modificado hoy su color con unas vulgares cales buscando sus tonos “albero” inexistentes en nuestra ciudad), y restauración de todos sus elementos pictóricos,…, destacando también la intervención urbana por incorporar al edificio del Teatro de unos espacios públicos que conformarían la actual “Plaza del Teatro”, que frontalmente y lateralmente le sirven del soporte urbano que requería este excepcional edificio demasiado ahogado entonces en la trama urbana en dónde se situaba.

teatro_cervante_04Pero también convendría recordar que aquella rehabilitación del Teatro supuso el inicio de la más importante renovación urbana y cultural que ha tenido la ciudad desde final del siglo XIX. De esta manera, el Teatro Cervantes se convierte en ese eslabón histórico de enlace y unión entre las dos etapas de mayor esplendor urbano de la ciudad, que son coincidentes con la inauguración del Teatro a final del siglo XIX y su reapertura en el inicio democrático del país a final del siglo XX. Y ese puente de unión que ha supuesto el Teatro Cervantes entre ambos momentos históricos, se refleja también en la emoción ilusionante que antes comentábamos. Por ello, el Teatro además de rehabilitación arquitectónica fue también renovación urbana y social. Se potenció los espacios públicos colindantes con la citada “Plaza del Teatro” añadiendo el cuerpo lateral donde antes quedaba inacabado en unas medianeras. Estas acciones urbanas tuvieron una inmediata y eficaz repercusión en la cualificación de un sector de la
ciudad que sufría un profundo deterioro físico y social. Fruto de estas intervenciones, vendría posteriormente la construcción del Mercado de la Merced, la reordenación de la Plaza de la Merced y sus fachadas, la reactivación comercial de sus calles colindantes hasta su permeabilidad con Plaza Uncibay, Calle Granada, Larios…, cualificando sustancialmente la urbanidad de estos sectores. Pero además, esta pionera acción pública rehabilitadora del Teatro Cervantes supuso también la antesala y el primer eslabón de una espectacular cadena de nuevas acciones que han convertido actualmente a nuestra ciudad en una referencia cultural nacional e internacional de indiscutible importancia.

     

José Seguí Pérez. Arquitecto.

La Torre del Puerto: entre la nostalgia y la modernidad de la ciudad

Publicado en 9 Noviembre, 2016, por en General.

planeamiento-ciudad3Actualmente parece que el debate y la reflexión sobre la construcción de la ciudad se mueve entre la complejidad contradictoria de la legislación urbanística que con frecuencia se olvida de la realidad de la ciudad, y en consecuencia de las tendencias que genera un cierto puritanismo académico que se rige con principios teóricos muy alejados también de dicha realidad urbana. De esta manera, parece que la modernización (o lo que denominamos “modernidad”) de la ciudad ha quedado reducida exclusivamente al análisis de ese pasado nostálgico, estático y museístico, sin ningún interés por profundizar en el rigor transformador con el que se conformó dicho pasado. Por esta razón, parece que los debates de las intervenciones en la ciudad se han convertido actualmente en continuas nostalgias incapaces de entender cómo se conformó ese pasado, lo cual no deja de ser algo confuso y peligroso para el desarrollo futuro de la ciudad.

5863054285_a8502af280_oHabría que recordar como en el Renacimiento surge un movimiento renovador de la ciudad desde el conocimiento de la antigüedad heredada, teniendo que admitir que no ha habido otro momento histórico en el que no se haya estudiado tanto la antigüedad y al mismo tiempo no se haya intervenido también tanto sobre ella. Esa condición de “hacer ciudad” va innatamente unida a la acción de transformarla en donde ambos objetivos sintetizan su acción de “hacer” como intervención, y “ciudad” como conocimiento y consolidación de su condición urbana a través de esas intervenciones, y en donde el “conocimiento” sería base de la acción y la “acción proyectual” la consecuencia de la misma. Habría que reconocer también que no se podrían haber realizado en nuestra ciudad operaciones de tanta importancia para su transformación sin estos criterios tan alejados de los que se proclaman desde dichas posturas nostálgicas conservacionistas. La apertura de la Calle Larios que plantea Joaquín de Rucoba y construye Eduardo Strachan, así como otras muchas intervenciones que han conformado la mejor imagen urbana de nuestra ciudad, obedecen más a los citados criterios renacentistas que al conservacionismo academicista que desde su cómoda posición contempla la ciudad como algo inamovible para no perder su poder científico sobre ella. Y también ocurre con la mejor referencia de Torre de “La Equitativa” en nuestra ciudad, con su magnífico basamento de Blanco Soler, que incluso actualmente está protegida arquitectónicamente por su adecuada posición respecto al eje de Calle Larios y su referencia visual en el paisaje  urbano de la ciudad, a pesar de que tuvo en su momento una importante contestación.

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Es evidente que la edificación en altura se conforma como una excepcionalidad que se justifica por el uso y su posición respecto a su entorno urbano y paisajístico. Por ello son desde estas reflexiones en donde se debería introducir el debate de la propuesta de la Torre del Hotel del Puerto, entendiendo esta intervención desde su capacidad en potenciar y consolidar la incorporación del espacio portuario a la ciudad como una nueva “centralidad” de importantes ofertas comerciales y turísticas ya iniciadas en el Muelle 1 y 2; y por otro lado, si nos referimos a sus impactos visuales, no es menos sorprendente que aun no seamos conscientes de la presencia de las “torres adosadas” de “La Malagueta” que conforman el peor y más impresentable perfil del borde marítimo de la ciudad que aparece como la primera imagen urbana que recibe el visitante de cruceros que accede a nuestra ciudad desde el mar, o la ubicación de la propuesta respecto a los grandes elementos portuarios, o su relación con las importantes escalas de los grandes cruceros…, sin olvidar lógicamente unas características arquitectónicas cuyos diseños han intentado integrarse de manera sutil, huyendo de grandilocuencias formales, en ese perfil marítimo al que se referencia y justifica su dimensión y escala.

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Respecto a los procesos del control administrativo hay que recordar que intervienen todas las administraciones locales, portuaria, y estatales incluyendo el Consejo de Ministros del Gobierno Central, que aportan las suficientes garantías para el control ineludible del mismo como ningún otro proyecto de la ciudad pueda tener. Por otro lado, hablar de otras oportunidades como de un Auditorio sería volver a plantear importantes recursos públicos que creo que no se justificarían por el orden de prioridad que actualmente exige la realidad social de la ciudad, cuyas demandas colectivas exigen justificar de manera también más amplia para evitar los despilfarros de otras épocas limitados a un sector demasiado reducido de la sociedad. Finalmente, el acceso al suelo público a través de Concursos de Concesión temporal del mismo, es un acto reglado que al menos evita la especulación del mismo y garantiza el rigor de que el factor del beneficio privado se supedita exclusivamente al esfuerzo económico de la inversión, recibiendo la administración no sólo el beneficio del suelo sino también de la futura reversión de lo que allí se construya, y ello no deja de ser un procedimiento mucho más transparente que las que requieren calificaciones del suelo privado.

EL “TALLER DE PAISAJE” Y EL PGOU-83 DE MALAGA

Publicado en 24 Octubre, 2016, por en General.

taller_geometria_digital_jose_segui_1Dentro de la convocatoria del “VIII Taller Internacional de Paisaje”, que con el título de “Málaga Interrotta” se celebró en el Auditorio del Museo Picasso de Málaga el mes de Octubre de 2.016, se incluía la exposición del Plan General de Ordenación Urbana de 1.983 de Málaga, a cargo de sus autores los arquitectos Damián Quero, Salvador Moreno y Jose Seguí, que junto con un amplio equipo técnico local (los ingenieros José Gómez Ordoñez y Carlos Miró , el economista Vicente Seguí, el abogado Álvaro García…) y el asesoramiento del arquitecto Manuel Solá- Morales , supuso un importante punto de inflexión urbanística en la ciudad, obteniendo el Premio Nacional de Urbanismo concedido por el Gobierno Central.

Para encontrar algunas razones y entender cómo se gestó el Plan del 83, tendríamos que constatar que no fue por un encargo administrativo clásico de trabajo profesional. El mundo y los acontecimientos importantes no suelen ser productos de la casualidad sino de la “causalidad”. Es una hipótesis muy bien desarrollada en el libro de “Las nueve revelaciones” de James Redfiel que en 1.993 desarrollaba su novela basada en la teoría de que la vida de las personas y sus acontecimientos se producen por las “causalidades” y que a través de ellas, y no del azar de la casualidad, se concatenan sus acontecimientos que en su libertad de acción se van uniendo hasta convertirse en la realidad buscada.

taller_geometria_digital_jose_segui_2Es aquí donde creo radica una de las principales claves del plan, y que precisamente lo hace singular tanto en su concepción inicial como en su desarrollo futuro, cuyo proceso de redacción tuvo la lógica de los momentos históricos en los que se concibió con el  antecedente del Plan Trinidad-Perchel de 1.975, ó las conexiones con el Laboratorio de Urbanismo de M. Solá Morales en 1.971 que lo enlazaría con las corrientes más innovadoras de la  urbanística española y sus conexiones italianas. Y por otro lado, y no menos importante, la causalidad de las coincidencias de un gobierno político municipal, en aquellos primeros años de la democracia , al asumir el discurso técnico del Plan en su propio discurso político como una acción conjunta que fue la base fundamental del éxito del Plan. Con estos ingredientes políticos- técnicos, se fue conformando un equipo que compartíamos tres aspectos fundamentales en la redacción del Plan: los conceptos, el conocimiento y la concreción del proyecto, que si bien iban a recoger las entonces herencias teóricas de Venutti, Gregotti, Rossi… y las referencias proyectuales de Rob Krier, Luigui Carvallati, Alvaro Siza… ó la importante presencia de Manuel Solá Morales, no deja de aplicarlas a esa realidad urbanística heredada sin obviar la necesaria conexión con los Planes Generales anteriores, destacando el Plan General de González Edo de 1.950 que se convirtió en nuestra más cercana referencia histórica, y sin que ello supusieran referencias estáticas sino muy por el contrario dinámicas sobre las que sobreponer y reinterpretar desde la modernidad actual la solución de los nuevos problemas que nos exigía la ciudad heredada.

taller_geometria_digital_jose_segui_3Desde esta hipótesis habría que entender las muchas actuaciones que se desarrollaron en su escala urbana, como el Litoral Oeste, Teatinos, la Universidad, la reinterpretación de los Planes Parciales, la ciudad consolidada, el Casco Histórico, los nuevos centros de producción como el Parque Tecnológico, el viario medio, los equipamientos…, pero también en su escala metropolitana como las ampliaciones de las Estación de Ferrocarril, Puerto, Aeropuerto, nuevas Autovías de Circunvalación…

Sin embargo fue la escala urbana la que principalmente dilucidó y se ordenó desde aquellas herencias históricas recibidas, reinterpretadas siempre desde el conocimiento de la ciudad precisamente para hacer realidad todas las propuestas que allí planteamos, convirtiéndose en el principal objetivo del PGOU-83 y en su mejor referencia urbanística en la manera de “hacer ciudad”.

taller_geometria_digital_jose_segui_4En este sentido, destacar la importancia que tuvo no sólo el conocimiento de la ciudad, con su pasado y presente re descubriendo y analizando todos los documentos urbanísticos que habían incidido en la construcción de la ciudad, sino también la concreción de sus soluciones a través del dibujo como acción proyectual para poder conectar tanto con nuestros interlocutores políticos como ciudadanos en las exposiciones publicas principalmente del Avance. Es importante resaltar que el dibujo tuvo en el PGOU 83 su importancia y legitimidad como autentico base del proyecto a la escala urbana del Plan. No se dibujaba para reflejar imágenes edilicias, sino que el dibujo nacía desde su concepción inicial como discusión colectiva del equipo para hacerse realidad en la futura gestión, y desde su capacidad de comunicación para poder transmitir a la ciudadanía y ser entendible en aquello que en su deseo podían llegar a  imaginar de cómo podría ser “su” ciudad futura que iban a recibir del documento del PGOU 83.

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© Jose Segui Arquitecto