No es una novedad las transformaciones que se están produciendo de los clásicos balcones de las viviendas, un tanto reducidos y poco útiles, por las galerías-terrazas de mayor dimensión y habitabilidad que aportan un más interesante espacio para incorporar a la vivienda. Los tiempos del confinamiento que ha provocado la pandemia del coronavirus nos ha evidenciado esta necesidad de dotar a la vivienda de un mayor espacio exterior para ese desahogo espacial que ha requerido el uso residencial. Quizás la novedad pueda estar en dar un paso más para concebir estos elementos exteriores como auténticos espacios habitables de transición entre la vivienda y la calle que puedan aportar a la vivienda un atractivo uso multifuncional.

 

 

Las magníficas referencias arquitectónicas de las galerías-terrazas de ”Torres Blancas” de Oiza o del edificio “Girasol” de Coderch nos podrían mostrar la importancia que pueden tener estos interesantes espacios de transición vivienda-calle en los requerimientos actuales de los diseños residenciales. Ya en el año 2005 proyectamos un conjunto residencial en la Urbanización “Hacienda Clavero” de Málaga, en donde estas galerías permitían integrarse no solo como estancias habitables conectadas  con sus más importantes dependencias, sino también como atractivos espacios de transición entre la vivienda y la calle incorporando elementos de mamparas móviles que permitían esa flexibilidad espacial. La incorporación de estas estancias exteriores a modo de terrazas-galerías en sustitución del poco útil balcón, ampliando también otros espacios de uso comunitario que complementaban las limitadas aportaciones de los portales y escaleras, permitirían potenciar y cualificar la necesaria convivencia colectiva que la vivienda aisladamente no es capaz de proporcionar.

 


 

Estas podrían ser algunas de las cuestiones que entrarán a formar parte de los diseños para las nuevas ofertas residenciales, además de la necesidad de tomar en consideración otras cuestiones como los tratamientos específicos que requieren sus diferentes fachadas según las diversas orientaciones climáticas, los sistemas pasivos de climatización natural integradas ya en el propio diseño de la vivienda como complemento a las tecnologías de los aires acondicionados, la sostenibilidad energética no como exigencia administrativa sino como requerimiento de eficaz rendimiento, el control de costos de ejecución y bajos mantenimientos mediante nuevos sistemas constructivos que posibiliten precios más asequibles, y, en definitiva, la mayor funcionalidad que los nuevos modelos familiares van a requerir no solo para su adquisición sino también para el uso más flexible de esos espacios residenciales podrían ser algunas de las más importantes innovaciones para lograr esa más adecuada habitabilidad que nos va a requerir la actual situación y en consecuencia sus nuevas demandas.

 

José Seguí. Arquitecto