Publicación: Diario SUR, 17 de diciembre de 2020

La historia de las ciudades, como espacios excepcionales de innovación e interacción humana, nos muestran sus permanentes capacidades de diversas respuestas ante las continuas demandas y transformaciones que se producen en el tiempo. Por ello, resulta difícil narrar lo que aún no existe en la ciudad, o hacer visible un futuro que no se ha producido y que, por tanto, requiere metodologías y análisis basados principalmente en el conocimiento de la ciudad para poder llegar a comprender las nuevas imágenes urbanas y percepciones que genera la intervención sobre dicha realidad heredada. Una realidad urbana que se conoce y se apropia como cotidiana, pero que deberíamos reconocer que también fue el resultado de otras transformaciones anteriores en ese dinámico y continuo proceso histórico de las diferentes miradas que han conformado el perfil mutante de la ciudad. Por ello, la dificultad de encontrar las respuestas a los requerimientos y oportunidades que solo basándose en dichos conocimientos se pueden hacer comprensibles en el tiempo y espacio en que se producen, porque no creo que existan soluciones únicas e inamovibles para mejorar los problemas de la ciudad o la convivencia de las personas, pues esos inmovilismos pueden llegar a convertirse en irracionales y en ocasiones generar motivos de conflictos más irresolubles. A pesar de sus posibles contradicciones confío mucho más en el progreso de la ciudad, ya que es quizá la única constante histórica que se produce en su permanente y continua transformación.

Es por ello, que podríamos reconocer que la imagen de la ciudad de Málaga de hoy no es la del siglo XIX, ni incluso la del XX, ni la de nuestros recientes recuerdos cuando las infraestructuras nos tenían aislados respecto de otros lugares y ciudades que hoy han quedado mucho más cercanas. Actualmente disfrutamos de una ciudad mucho más urbana debido precisamente a esas recientes transformaciones como podríamos destacar en las extensiones residenciales más ordenadas de Teatinos y los litorales de Levante y Poniente proyectadas desde la planificación general, o en las nuevas infraestructuras viarias, ferroviarias y aeroportuarias que han acercado las distancias del espacio y el tiempo, o las acertadas rehabilitaciones de su casco histórico con sus usos culturales, y por qué no reconocer también que una operación como la remodelación de los espacios de transición Puerto-Ciudad no se había producido en la ciudad desde la época del Marqués de Larios con la realización de la calle Larios y el Parque que aportó una nueva modernidad urbana de tanta calidad e importancia para la historia reciente de nuestra ciudad.

La Torre del Hotel habría que entenderla precisamente desde este contexto de transformación urbana de la ciudad, y más concretamente desde la importante reordenación de los espacios portuarios colindantes, como en su día lo fue la Torre de la Equitativa como consecuencia de la apertura de la Calle Larios y que a pesar de sus anteriores controversias es actualmente un hito difícil de obviar en el paisaje de la ciudad histórica, llegando incluso a estar protegida por las Administraciones Públicas. En el caso de la Torre del Hotel adquiere además una añadida singular consideración respecto al equilibrio público-privado que genera el modelo de la concesión pública en el que se realiza sobre un suelo que seguirá siendo propiedad portuaria, enmarcada dentro de su nueva reordenación urbanística de reciente creación de su dique de Levante y con la intensa actividad turística de su colindante Estación de Cruceros y sus Muelles 1 y 2. Es evidente que se trata de un difícil proyecto que ha requerido también un fuerte debate colectivo por la excepcionalidad del lugar en donde se ubica y su compleja proyectación, y por ello ha requerido un complejo proceso de más de cinco años de trámites e informaciones públicas en donde tanta importancia han tenido los procesos de debates colectivos que han aportado la necesaria información para modificar y adaptar su inicial propuesta y poder acercarla, a través de las determinaciones del propio documento del Plan Especial que ha tramitado la Autoridad Portuaria ante la Gerencia Municipal de Urbanismo, a ese máximo consenso colectivo como uno de los principales objetivos de la nueva propuesta. Quizá ningún proyecto de escala arquitectónica realizado en la ciudad haya tenido este exhaustivo control administrativo, requerido tanto por las distintas administraciones portuarias, municipales, autonómicas como lo será por el Gobierno Central en su Consejo de Ministros.

Es desde esta visión que nos aporta la actual modernidad de las recientes transformaciones urbanas que nos ofrece ahora la ciudad heredada, donde la propuesta del Hotel de la “Torre del Puerto” intenta dar un paso más allá de su actual modernidad referenciándose a esa contemporaneidad que también la ciudad posiblemente deberá asumir ante sus nuevos retos e ilusionantes futuros.

 

José Seguí Pérez

Arquitecto