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Colonias Postindustriales: crisis y revalorización

Joaquín Sabaté Bel
Catedrático de Urbanismo. Coordinador Laboratorio Internacional de Paisajes Culturales.
Pere Vall, Profesor titular de Urbanismo

 

El principal agente constructor del paisaje de las colonias es el fabricante local impulsado por el interés del negocio textil. Su confluencia conduce a la saturación de la fuente de energía y al empleo sistemática de todo espacio útil del río, y viene acompañada también de la construcción de la carretera y el ferrocarril. La inversión pública es inexistente, reflejo de la impotencia del Estado para urbanizar el territorio y dotarlo de las infraestructuras necesarias para su progreso. La colonia se consolida como un espacio privado y autónomo en conflicto con el poder municipal.

Pero a partir de los años treinta del siglo XX, decrece la inversión del fabricante en la colonia, que ha alcanzado en muchos casos su techo productivo. Ésta sobrevive a los conflictos sociales y a la guerra civil, y aprovecha el proteccionismo del primer franquismo para ajustar el lastre de su fábrica obsoleta y de los costes de transporte.

Colonia Viladomiu Vell. 1978.

Desde los años sesenta, la degradación de edificios y espacios libres se acentúa y en la cuenca del Llobregat, se abandona el ferrocarril. La propiedad se fragmenta, aunque se mantienen piezas significativas en las mismas manos. La responsabilidad sobre el espacio público y algunos edificios singulares se traslada a la administración municipal. Se venden las viviendas a los trabajadores y se alquilan las naves industriales. Se inicia un nuevo ciclo de gestión compartida donde participan ayuntamientos, asociaciones y antiguos fabricantes propietarios.

Las inversiones en las colonias son ahora de estricta supervivencia. Los vecinos asumen de forma individual o a través de las asociaciones, la rehabilitación del parque residencial. El antiguo fabricante dedica parte de las rentas generadas por el alquiler del parque industrial a un mínimo mantenimiento.
Los ayuntamientos afrontan con dificultades la adecuación básica de los espacios públicos y de algunos edificios deteriorados.

Con el tiempo, los cambios en los mercados no dejan lugar a estas particulares formas de industrialización dispersa. La electricidad permite poner las fábricas donde se quiere y la economía global muestra que la concentración es la fuerza. Las fábricas de las antiguas colonias ya no funcionan y muchos campos de alrededor tampoco se trabajan. El trabajo se fue y con él los habitantes de esta ciudad discontinua que había crecido allí, donde una esclusa permitía aprovechar la fuerza del agua. Y donde la actividad permanece, se ha producido una ruptura de la unidad residencial y productiva. Trabajadores y residentes; fabricantes, propietarios de viviendas y de los saltos de agua, dejan de estar ligados por intereses comunes, como en las viejas colonias.

 

Participación de las escuelas en un itinerario temático alrededor de la colonia Viladomiu Vell. 2006

Muchas de las antiguas colonias o fábricas de río han desaparecido dramáticamente por su obsolescencia productiva; al quedar ahogadas por el crecimiento de los núcleos o por la cola de los pantanos; o bien por el insuficiente confort de la residencia o la falta de servicios y transporte público. A pesar de todo, se trata de conjuntos que se han transformado continuamente durante bastantes años, hasta convertirse en pequeños núcleos urbanos en medio de un paisaje rural. Y hecho consolidado un rico patrimonio de esclusas y embalses, casas de compuertas y canales; fábricas y chimeneas; viviendas y equipamientos; jardines y parajes de huertos familiares.

Y precisamente desde hace unos años, quizás demasiado tarde en muchos casos, comienzan a surgir proyectos, mayoritariamente públicos, que buscan un futuro vinculado a la recuperación y conservación del patrimonio con nuevas alternativas económicas y sociales. Es en un momento especialmente crítico para el avanzado deterioro de muchas colonias, que se plantean todo tipo de estudios y proyectos de impulso y reactivación. Es ahora, que el Gobierno de la Generalitat encarga dos planes directores urbanísticos de las colonias industriales, con el objetivo de coordinar las posibles acciones de reactivación. Las intervenciones se suceden vertiginosamente. El detonante es una primera y desesperada llamada de atención por parte de agentes locales amantes de su patrimonio. La celebración de los “150 años de las colonias” marca un punto de inflexión en cuanto al reconocimiento de un extraordinario patrimonio. Poco después comienzan una serie de pequeños proyectos, desde la limpieza y señalización, a la rehabilitación de edificios o recuperación puntual de naves y chimeneas.

Fotoplanos colonia Ymbern o El Pelut. Plan Director Urbanístico (PDU) de las colonias del Ter y Freser.

Ahora bien, ¿es suficiente con un buen puñado de proyectos para vertebrar este territorio? ¿Lo es con la intervención puntual y limitada de los agentes públicos? Creemos que no, que necesitamos intervenciones estructuradoras, políticas de vertebración supramunicipal de mayor envergadura, trabajos de restauración de los ríos, rescate de las concesiones y transformación de las antiguas carreteras en vías cívicas. Se requiere un esfuerzo significativo de la administración pública, en términos de inversión e impulso político.

Son precisos, además, liderazgo local; participación de los vecinos; ideas y voluntad política para impulsarlas; una estructura de mediación interadministrativa; y acuerdos entre agentes e intereses diversos; falta una nueva cultura participativa y el esfuerzo de todos los agentes del territorio. La revalorización del paisaje de las colonias requiere visión de conjunto, pero a la vez intervenciones precisas y cercanas. Y es en esta línea que se mueven los dos planes directores urbanísticos, el del Ter y el del Llobregat. Vemos en primer lugar cuáles son sus rasgos comunes. El diagnóstico que hacen es común y preocupante: los habitantes de las colonias tienen servicios de ciudadanos de segunda; la estructura productiva está envejecida, dificulta la convivencia entre las actividades residencial y productiva, y aparecen bastantes problemas derivados de una estructura de la propiedad no actualizada. Y también es común y pragmática la alternativa de ambos planes: la regeneración urbana debe pasar por la promoción económica.

 

La recuperación de un patrimonio tan extenso y disperso solo es asumible con condiciones de prosperidad económica y de calidad de vida en el conjunto de las colonias. Dicho lisa y llanamente, una colonia viva requiere una fábrica viva.

Y esto supone impulsar la ocupación del suelo industrial con viejas o nuevas actividades económicas, lo que requiere mejorar los factores de localización (acceso, energía, telecomunicaciones…); promover usos con mayor valor añadido, incluso propiciar cambios de uso de industrial a terciario, y, en el límite, a residencial. Sin embargo no debe perderse de vista el objetivo de que las plusvalías generadas reviertan en consolidar espacios libres y servicios (calidad de vida) y en compensar el sobrecoste de mantener vivo el patrimonio construido. Esto implica asimismo otros requerimientos, tales como:

a) Impulsar dinámicas empresariales basadas en el turismo cultural.

b) Favorecer el incremento del número de habitantes hasta una dimensión crítica, capaz de mantener servicios y dotaciones y hacer razonable la demanda de transporte público.

c) Rehabilitar edificios y espacios libres de valor patrimonial en estos barrios dispersos.

d) Garantizar una adecuada vecindad entre las zonas residencial e industrial o terciario (con actividades compatibles y diferenciación de accesos en su caso).

e) Promover el transporte público, servicios y dotaciones necesarios.

No hay que olvidar una premisa básica, muchas de las mejoras requieren una modificación respetuosa de las colonias, un incremento de residentes y viviendas. Este paisaje cultural no es el resultado acabado de un proceso, sino una realidad continuamente cambiante y puede continuar cambiando. La herencia cultural no es sólo para conservarla. Se trata de superar una posición meramente conservacionista del patrimonio y de confiar en que la construcción actual puede también generar identidades y nuevo patrimonio. La preservación sólo es posible desde una transformación muy cuidadosa de los valores patrimoniales de las colonias.

Unidad temática de la Farga Bebié a Borgonyà. PDU de las colonias del Ter y Freser.

Nuestros planes directores urbanísticos defienden una actitud pragmática, proponen actuaciones tuteladas de impulso privado, rentables y vinculadas a la mejora de la calidad de vida en las colonias. Establecen a su vez unas reglas de juego generales, unas directrices abiertas y sugieren proyectos estratégicos. Lo hacen combinando dos escalas de reflexión, la del proyecto específico y detallado en cada lugar, pero a la vez unas pocas intervenciones vertebradoras de escala territorial, capaces de articular este conjunto de asentamientos como una verdadera ciudad de barrios dispersos unidas por los ríos y alimentadas por la carretera.

A partir de estos rasgos comunes, cada uno de los dos planes directores responde a las características bien diferentes de los territorios y asentamientos con otras medidas más específicas. Recogemos en este artículo el correspondiente al de la cuenca superior del Llobregat. El valle del río Llobregat entre el Llano del Bages y el pre Pirineo constituye su ámbito. Es una unidad geográfica caracterizada por el alto valor patrimonial de su secuencia de establecimientos textiles encajadas en un estrecho valle fluvial. Distinguimos dieciocho piezas a lo largo de 24 kilómetros del río, doce colonias, tres semi-colonias y tres fábricas de río.

Nuestro Plan afecta a nueve municipios ribereños y coordina un sistema urbano de unos veinte mil habitantes articulado a lo largo de casi 30 kilómetros del curso fluvial entre el Pantano de La Baells y la Acequia de Manresa. Unos dos mil habitantes se reparten en las doce colonias y tres semi-colonias, y unos dieciocho mil se concentran en cuatro villas de río.

 

Intervenciones los Meandros del Ter. PDU de las colonias del Ter y Freser.

Las fábricas de río en Manlleu. PDU de las colonias del Ter y Freser.

 

El ámbito del Plan se centra en el reconocimiento del hecho geográfico, entendiendo el valle como unidad de referencia. El Consorcio del Parque Fluvial del Llobregat (ente supramunicipal (2003) es el encargado de desarrollar el Plan Estratégico para el Desarrollo del Parque Fluvial Navàs-Berga, de: impulsar la actividad turística y productiva de calidad; preservar y difundir el patrimonio cultural y natural; impulsar la gestión y el planeamiento conjunto del parque. Forman parte del Consorcio los ayuntamientos implicados, la Generalitat de Cataluña, la Diputación de Barcelona, el Consejo Comarcal y diversas entidades representativas de la sociedad civil local.

Ámbito regulado por PDU de las Colonias del Llobregat y zona de protección inmediata. Plan Director Urbanístico de las Colonias del Llobregat.

La iniciativa del Parque Fluvial nace con el impulso de la sociedad civil local a partir de la toma de conciencia del valor singular de su territorio. El turismo cultural ha sido la línea de trabajo predominante durante los primeros años de la iniciativa, pero el plan director ha de permitir superar esta primera etapa y desarrollar un proyecto territorial propio. Para ello se aborda la transformación física del sistema de colonias con directrices y actuaciones. Se identifican cuatro colonias-puerta para ordenar el uso turístico y proyectar una imagen unitaria. La Puerta de la Cultura, la Colonia Museo, el Centro del Parque y la Puerta del Comercio, explican su historia propiciando la complicidad de los residentes. El recurso narrativo vinculado a los caracteres locales refuerza el sentimiento interno de pertenencia e incrementa el reconocimiento externo. La apuesta por algunas colonias como lugares de acogida ayuda también a focalizar inversiones públicas mejorando su eficacia. El PDU de las colonias aprovecha la antigua carretera C-1411, liberada del tráfico de paso, y prevé su transformación en vía cívica. La Ruta de las colonias, dispuesta en la vertiente opuesta y conectada a la carretera local mediante un puente en cada colonia, complementa la accesibilidad inmediata al curso fluvial. El diseño de itinerarios es una estrategia propia del proyecto en paisajes culturales para conectar los elementos de patrimonio más relevantes en una red de recursos. La colonia establece un vínculo orgánico con el paisaje fluvial. Para ello se delimita una zona de protección especial que comprende el fondo del valle y los primeros rellanos intermedios a ambos lados del río. Dentro de este ámbito especialmente vulnerable por su accesibilidad, se prohíben nuevas construcciones y se regulan las actividades productivas, especialmente las explotaciones mineras y agropecuarias.

La pobreza e inmediatez de los catálogos municipales en el ámbito de las colonias, que apenas reconocen piezas singulares, contrasta con el nuevo planeamiento ambiental, consciente de la rica diversidad de los elementos. La preservación de la matriz ambiental de la colonia requiere una visión integradora de sus diversos componentes. Buena parte de su valor reside en la coherencia y calidad de sus espacios libres, y su relación con las construcciones inmediatas. Por este motivo, se identifican en cada caso edificios y espacios libres significativos preservando sus vínculos, y considerando conjuntamente la zona residencial y la zona industrial.

Se delimitan áreas de crecimiento, de tamaño modesto y se condiciona su desarrollo a la rehabilitación del parque residencial existente. Se establecen creterios cuantitativos y compositivos para estos crecimientos, como una densidad bruta de 50 viviendas por hectárea y un número mínimo de 110 viviendas para las colonias aisladas. Ambos parámetros se obtienen por analogía con tejidos residenciales sostenibles y por la constatación empírica del número de viviendas mínimo asociado a un pequeño comercio. Por otro lado se protegen los patrones morfológicos de la pieza y se plantea su crecimiento en coherencia con éstos, ya sea por sustitución de un cuerpo industrial existente, por restitución de uno residencial previamente derruido, o por continuidad con las estructuras preexistentes.

Se delimita la zona industrial de cada colonia a partir de la ocupación existente, preservando el dominio fluvial y los espacios libres compartidos con la zona residencial. Se admite la sustitución del uso  industrial tradicional por el residencial, comercial o terciario, siempre que se respeten las restricciones propias de las zonas inundables establecidas, y se mantenga el carácter de los edificios industriales históricos.

Las únicas inversiones públicas relevantes con repercusión directa sobre las colonias durante la crisis de los años ochenta fueron para extender el suelo industrial y el desdoblamiento de la antigua carretera C-1411. Se trata de actuaciones de fuerte impacto ambiental, promovidas desde la administración central y la debilidad de la inversión pública orientada a la vertebración local del territorio se mantiene hasta la actualidad, al tiempo que se ejecutan nuevas actuaciones sectoriales como el trazado de la autovía C-16 y la construcción de depuradoras municipales. A finales de los años noventa, un nuevo operador supramunicipal de base local (el consorcio) asume el impulso y la coordinación de pequeños proyectos públicos, dirigidos esta vez a un proyecto territorial propio: el Parque Fluvial del Llobregat. Se trata de actuaciones con rasgos comunes: son puntuales pero de amplio efecto difusor; dotan de estructura pública al parque (Oficina de turismo, Centro de interpretación y Ruta de las colonias); son selectivas y aprovechan áreas de oportunidad; la visibilidad y presentan una notable implicación ciudadana.

Una vez asumida la intervención pública mediante pequeños proyectos de rehabilitación y señalización adaptados a los intereses puntuales, es necesario avanzar hacia políticas de vertebración local de mayor envergadura. Pero la capacidad de intervención resulta limitada por la propiedad mayoritariamente privada del suelo y los inmuebles. Por este motivo, el Plan propicia la participación de operadores privados, generando incentivos a la inversión y estableciendo al mismo tiempo criterios y controles de calidad. La voluntad operativa del Plan se concreta fundamentalmente en proyectos rentables de impulso privado, tutelados por agentes públicos y vinculados a la resolución del déficit estructural de cada colonia. Se identifican actuaciones básicas de crecimiento residencial y cambio de uso del espacio industrial que pueden catalizar la mejora urbana de la colonia a partir de las plusvalías generadas. Se intenta ofrecer asimismo un acceso segregado a la fábrica, nuevos aparcamientos y recuperación de espacios públicos y equipamientos. Se plantean propuestas a medida para cada caso, considerando ineludible el diseño específico de la pieza y, en último extremo, el compromiso de la arquitectura con la topografía y el espacio público.

El Plan de las colonias se desarrolla como un proyecto físico para el ámbito, pero contiene asimismo, de forma más o menos explícita, un proyecto político. Reconocemos una cierta desproporción entre la ambición del primero y las limitaciones del segundo. Una vez alcanzado el consenso en torno al proyecto físico con la aprobación definitiva del Plan, queda aún pendiente el impulso político que debe resolver su gestión supramunicipal. La reforma urbana de cada colonia requiere necesariamente un pacto a tres bandas entre productores, vecinos y ayuntamientos. Se trata de un acuerdo específico para cada caso, ajustado a la realidad física y social concreta, a las condiciones de propiedad, y a los intereses de la administración local. Cada colonia reacciona de forma particular ante el cambio de uso del espacio industrial y la posibilidad de un cierto crecimiento residencial. En general, las más vacías son más permeables a la transformación, mientras que en las más pobladas se constata un sentimiento, bastante común, de desconfianza. Seguramente, la participación real de las asociaciones de vecinos en la redacción de los convenios urbanísticos puede revertir esta situación y es fundamental si se pretende progresar hacia un proyecto político consistente.
Este Plan de las colonias establece las bases de los convenios urbanísticos desde donde se pacta la ordenación futura de cada una. Corresponde a los diversos ayuntamientos el control público de las actuaciones, garantizando su coherencia en relación a los criterios cuantitativos y morfológicos establecidos, así como la reinversión adecuada de los beneficios generados. Pero el impulso y el control de las actuaciones y directrices territoriales precisa la figura de un ente coordinador supramunicipal. La redacción de un plan director abre, de hecho, un proceso de diálogo entre los agentes locales con el objetivo de constituir el ente coordinador. Su eficacia, en tanto que instrumento de concertación, depende en buena medida de su capacidad de propiciar los acuerdos necesarios. El Consorcio del Parque Fluvial del Llobregat, tal como prevé el propio Plan de las colonias, puede asumir nuevas atribuciones urbanísticas complementando las tareas actuales de promoción turística y económica.

Quizás la lección más interesante que estamos aprendiendo los implicados en estos proyectos es la necesidad de integrar estructuras físicas y narrativas, tangibles e intangibles, en aras a poner en valor este hermoso patrimonio, preservándolo a través de su transformación.

 

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© Jose Segui Arquitecto